
Observar y darse cuenta de que los monstruos más peligrosos no están en el armario, ni debajo de la cma. Son esos que vemos todos los días y que parecen inofensivos.
Hoy le dedico esta foto en primer lugar a todos esos niños que, como yo, tuvieron que vivir la peor de sus pesadillas en su propia casa. A todos los que lloramos sin parar encerrados en el cuarto, todos los que nos preguntamos por qué sin obtener respuesta, los que callamos durante años convencidos de que teníamos la culpa de lo que nos pasaba. A aquellos que también sonrieron a los que querían fingiendo que no pasaba nada, los que tuvimos que aguantar las peores palabras de aquellos que supuestamente tenían que cuidarnos y protegernos de los grandes males de la vida. Hoy por todos los que sufrimos sin remedio en nuestra infancia y sólo queríamos una cosa: unos padres normales que nos quisieran.
Y en segundo lugar, le dedico también esta foto y estas palabras a todos los que dudaron de mí, los que no creyeron lo que decía cuando tuve valor de contar la verdad. Hoy por todos aquellos que me miraron riendo, asegurando que lo que yo contaba eran mentiras. Por todas las veces que me sentí sola, por todas las veces que quisisteis hundirme aún más de lo que ya estaba, por todas las veces que juzgasteis sin saber. Hoy... por todos aquellos que no sabíais NADA de NADA. Sólo espero que no tengáis que sufrir ni una décima parte de lo que me tocó a mí.
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