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martes, 11 de enero de 2011

Los besos de azúcar y nubes

La cena fue un regalo increíble. Aquello parecía un sueño, nunca imaginé que alguien pudiera llegar a regalarme una noche tan especial como esa. Todo fue perfecto. La comida exquisita, la música de fondo, la luna en el firmamento y su mirada tranquila mientras sonreía.
- Entonces, ¿eres de por aquí?
- Sí, siempre he vivido aquí. Exactamente vivo en Cornellá, en la zona centro. Mi piso no es demasiado grande pero es más que suficiente para mí sola.
- ¿Vives sola?
- Sí, mi madre tuvo que irse a Algeciras a vivir por motivos de trabajo y yo no quise mudarme, así que allí estoy. Pero no estoy realmente sola -Ángel cambia su cara y tiene una cierta expresión de curiosidad y a la vez de tristeza, no entiendo por qué-. Tengo 2 perros preciosos que me hacen compañía y que son mi verdadera familia, con ellos es imposible estar sola.
Sonríe aliviado, ¿acaso creía que me refería a un hombre? ¿Es eso lo que le preocupa? Entonces, ¿está realmente interesado en mí? La verdad es que cuando le tengo cerca no pienso con claridad, es como si todo el mundo se esfumara en un momento y sólo existiera él. Y es aún peor cuando lo tengo cerca, a centímetros de mí, entonces el aire parece insuficiente y no consigo hilar mis pensamientos, todo se vuelve superfluo, insignificante.
- Me encantan los perros, bueno me gustan los animales en general pero prefiero los perros a los gatos por ejemplo.
- Sí, a mí me pasa igual. ¿Tienes perros tú?
- En mi casa no, en cambio en la finca de mi madre tenemos dos y en la casa de mi abuelo creo que ahora ya hay cinco o seis. Aunque mi casa es grande y tiene jardín últimamente nunca estoy allí, siempre ando de un lado para otro y no me gusta dejar a los animales solos tantas horas, así que llevé a Anubis con mi madre para que se hicieran compañía mutuamente y cuando puedo me paso para verlo, se muere de alegría cuando me ve. La verdad nos queremos mucho, ya llevamos 7 años juntos.
- ¿Tu perro se llama Anubis?
- Sí, ya sé que es un nombre bastante excéntrico, no sé si lo conoces, es...
- El dios egipcio que se encarga de embalsamar a los muertos y llevar las almas de los difuntos al inframundo para que Osiris pueda juzgar si merecen cruzar a una nueva vida o ser engullidos por un monstruo ancestral -dijimos al unísono-.
- ¿Conoces la historia?
- Sí, claro, soy una apasionada de Egipto y su mitología. Por eso mismo mi perro también se llama Anubis.
Nos pusimos a reír y hablamos de mil temas diferentes. Descubrimos que teníamos muchas más cosas en común: el gusto por la lectura, la fotografía, viajar, dibujar... y también grandes diferencias, como que por ejemplo Ángel no sabía ni freír un huevo y que su casa era como 10 veces mas grandes que mi piso. Igualmente aquella fue la mejor noche de mi vida, la mejor hasta el momento sin lugar a dudas, pero aún quedaba lo mejor.

- Bueno, después de esta cena romántica, las velas, el postre, la luna y un vals bailado lentamente -dijo mientras sonreía y me miraba cálidamente- creo que toca volver al mundo real, llevarte a casa y dormir, ¿no?
- Por desgracia, creo que tienes toda la razón.
Cogimos el coche y le indiqué para llegar a mi casa, apuntó mi dirección y paró justo enfrente de mi portería. Aprovechando que no había nadie más bajó del coche y me acompañó hasta la misma puerta, agarrándome suavemente de la cintura.
- Ángel, gracias por esta noche tan increíble.
- Gracias a ti por querer pasarla conmigo.
Estábamos a escasos centímetros, yo medio buscaba las llaves en mi bolso apoyando mi hombro en la puerta mientras él, sin apartar del todo su mano de mi espalda me hablaba mirándome a los ojos. La distancia se acortaba poco a poco, milímetro a milímetro.
- Quizá no debería, apenas sé de ti y puede que ahora arruine la noche, pero llevo queriendo hacer esto desde que te vi la primera vez sentada tomando el sol en aquella calle. Perdóname...

Sabía lo que iba a pasar y mi corazón se aceleraba a cada segundo, esperando el momento, aguardando el instante en que sus labios tocaran los míos. Sucedió. Mucho mejor de cómo lo había soñado, muchísimo mejor de como podría haberlo pensado o imaginado. Ángel tomó mi cara con su mano derecha, suavemente, mientras apresaba mis labios con los suyos con una dulzura que no creí que existiera. El primer roce de su piel estremeció todo mi cuerpo y nada tuvo sentido en ese momento excepto su boca y la mía. Un beso de azúcar, dulce, asombrosamente cálido y lento, que se llevó mi corazón a lo alto de una nube, volando lejos, sólo con él, sólo nosotros y el resto del mundo a nuestros pies. No sabría decir cuánto duró o como acabó, cuando cerré los ojos y cuando me agarré a su cuello intentando que aquello no tuviera fin, sólo sé que cuando me separé de él me sentí vacía, incompleta, como si desde entonces cualquier momento del día en que no estuviera cerca de Ángel, sintiendo su piel, sería un momento perdido, infeliz.
- Perdóname.
- No voy a perdonarte, nunca lo haré.
El tono de mi voz provocó en él una sonrisa que acabó por desbocar mi corazón después del beso más hermoso de mi vida. Inesperadamente volvió a tomar mi cara entre sus manos para besarme tiernamente con rapidez y sonreír de nuevo.
- Nos vemos -dijo él acercándose al coche y despidiéndose con un beso al viento-.
- ¡Adiós!
Saludó con la mano y se alejó, dejándome en el portal de mi casa suspirando por la noche más increíble de mi vida. Áquel beso podría competir con cualquier película, cualquiera. Me sentía la mujer más feliz del mundo en ese instante, deseada, comprendida... Ángel sin dudar a dudas se estaba llevando mi corazón pedacito a pedacito, sus besos de azúcar y nubes no podían compararse a nada terrenal, nada conocido o visto hasta la fecha. Un desconocido quizás, una persona que acababa de entrar en mi vida, cierto, pero había sido el único hombre que me había hecho sentir así, completa, increíble.

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Nos vimos tres o cuatro veces más y fuimos descubriendo cosas el uno del otro, poco a poco, paso a paso. Hablamos de nuestra infancia, los amigos y me di cuenta de que ambos eramos un poco reticentes a hablar de la familia, en especial de nuestro núcleo familiar. En un momento dado, un mes y medio después de empezar a salir oficialmente, Ángel sacó el tema y tuve ganas de contestar sinceramente a su pregunta.
- Mi madre es la persona más increíble y maravillosa que jamás conocí. Es el espejo en el que me miro. Es una mujer fuerte, sincera, sencilla, divertida y muy honesta. Siempre me cuidó, me trató con cariño, me enseñó todo lo que hay que saber en la vida, me apoyó... la admiro muchísimo como madre y como persona, pero sobretodo la quiero más que a mi propia vida.
- Es muy bonito oírte hablar de tu madre de esa manera. Seguro que ella se siente muy orgullosa de tener una hija como tú.
- Bueno, a veces creo que se merece algo bastante mejor que yo, alguien que realmente esté a su altura, pero la verdad es que soy lo que soy, y bueno, al menos sé que no hay nadie en el mundo que pueda quererla más que yo.
- No creo que tu madre quisiera algo diferente a ti. No sé qué podrías cambiar, qué podrías mejorar, Nayra eres increíble. Eres divertida, cariñosa, simpática, alegre, sincera... se me acabarían los adjetivos antes de poder acabar de definirte. En definitiva eres una buenísima persona que se preocupa de los que quiere, que vive cada día sonríendole a la vida, ¿qué más se podría pedir?
Besé sus labios con dulzura, Ángel despertaba una ternura en mí que no conocía, él llenaba un vacío que jamás creí llenar.
- Gracias -dije apoyando mi frente en la suya mientras sonreía-.
- ¿Y tu padre?
- Bueno, ese es un tema bastante doloroso.
- ¿Murió?
- Ojalá, eso sería muchísimo más fácil de soportar.
- ¿Qué quieres decir?
- Bueno, la persona que me engendró no se merece el calificativo de padre. Los años que vivió conmigo, hizo de mi vida y la de mi madre un infierno, por mucho que lo intento no consigo tener buenos recuerdos de él. Muchas noches tengo pesadillas en las que aparece gritándome mil cosas, chillándole a mi madre y recordándome una y otra vez lo poco que valgo y lo sola que me voy a quedar -no pude contener las lágrimas en los ojos-, sabes... lo peor es que sigo preguntándome por qué, sigo llorando esperando que sea un sueño o que haya un cambio milagroso que pueda borrar todo lo malo que tuve que pasar, pero ambos sabemos que eso es imposible.
Ángel me abrazó como nunca nadie lo había hecho antes. Sentí como si quisiera ser un escudo, como si intentara absorber todo lo malo de mi vida y ser fuerte por los dos, en esos momentos, entre sus brazos, creí que nada malo podría pasarme mientras él estuviera conmigo.
- Tuvo que ser muy duro.
- Sí, lo fue, pero el tiempo ayuda a sanar heridas, también la familia, los amigos... - sequé mis lágrimas con un pañuelo y sonreí, intentando quitarle hierro al asunto, pero noté como Ángel podía ver en mí toda esa tristeza y ese vacío, noté como por primera vez alguien era capaz de mirar y verme a mí misma tal cuál soy. Me asusté en un primer momento, pero después me sentí tan bien, como si me quitaran un peso de encima-. ¿Y tú? ¿Tienes una familia convencional?
- Bueno, la tenía. Mis padres eran una pareja increíble, siempre soñé con conseguir una vida como la suya, la complicidad era poca palabra para describir su relación. Igualmente la vida no siempre es justa, hace ya 10 años que el cáncer se llevó a mi padre y desde entonces mi madre nos cuidó a mí y a mi hermana. Todo y con eso mi padre siempre está presente, yo nunca le dije adiós, sigo pensando en él muy a menudo. Si te digo la verdad, siento que aún sigue conmigo, siento que todavía está aquí.
- Debió ser muy duro, no deberían pasar estas cosas. Mi padre, que nos ha hecho tanto daño no tiene ni una caries y el tuyo...
- No pienses en eso, a cada uno nos tocó vivir nuestra historia y esa fue la tuya, tuvo que ser así.
- Supongo que sí... ¿y tu madre rehizo su vida o...?
- Le ha costado mucho, aunque poco a poco ha ido asumiendo lo que pasó. Aún así mi hermana y yo la animamos para que saliera, conociera gente... y bueno, el amor llamó a la puerta y ella se negaba por honrar a mi padre y todo eso, pero al final cedió. Creo que si mi padre pudiera pudiera opinar estaría de acuerdo conmigo. Él ya no está, y mi madre se merece ser feliz el tiempo que le queda. Todos sabemos que nadie va a ocupar el lugar que dejó mi padre, pero no por ello tiene que envejecer sola mi madre.
- Se nota que la quieres mucho, y también a tu padre.
- Mucho, muchísimo. Ellos me han hecho el hombre que soy ahora, me siento muy orgulloso de ellos y de ser su hijo. Creo que puedes entenderme perfectamente.
- Sí, la verdad es que sí.

El día fue ameno, divertido y sirvió para conocernos un poco, para abrir viejas heridas y dejarlas curar de una vez por todas, ayudadas por esa complicidad que había empezado a surgir entre nosotros. Las miradas y los besos fugaces llenaban las horas, sonrisas, caricias, momentos inexplicables. Cenamos y llegó la hora de despedirse.
- Se va haciendo tarde -dijo él mientras miraba el reloj y acariciaba mi brazo-.
Ambos estábamos sentados en el sofá, yo tenía mi cabeza recostada en su hombro y el me abrazaba, mientras acariciaba mi brazo y mi pelo.
- No te vayas aún...
- Sabes que no quiero irme pero cierran el metro en tres cuartos de hora y como no me vaya ya me voy a quedar en la calle.
Hubo un silencio entre ambos y una pregunta nublaba el aire. Me daba miedo preguntar porque me daba verdadero pánico su reacción, qué pensaría al respecto, que entendería... pero debía hacerlo, quería hacerlo. Las partes implícitas que conllevaba esa pregunta yo también las deseaba, aunque ello me estremeciera hasta el punto de aterrorrizarme.
- ¿Y si te quedas a dormir?
Un nuevo silencio incomodó la estancia. Ángel rompió la tensión con una preciosa sonrisa y elevó mi rostro hasta la altura del suyo, mientras hablaba.
- ¿Realmente quieres que me quede a dormir o dentro de una hora te vas a arrepentir?
Tragué saliva, sabía todo lo que conllevaba esa pregunta, todo lo que realmente Ángel estaba preguntando en ese momento y también todo lo que mi corazón y mi cuerpo deseaban hacer aún cuando creía que el pánico me estaba llevando presa.
- Quiero que te quedes a dormir... -dije con seguridad- y te aseguro que no voy a arrepentirme de esto, ni mañana, ni nunca.
- Me alegro de oírlo, pero tengo que decirte que no sé si debo aceptar la invitación porque teniéndote tan cerca no sé si voy a ser capaz sólo de dormir.
Mi corazón se aceleró de tal manera que creo que mis latidos podían sentirse desde kilómetros a la redonda, suspiré y sonreí dulcemente mientras acariciaba su mejilla.
- Ángel yo tampoco puedo decirte con seguridad qué voy o qué no voy a hacer. Por una parte siento terror ahora mismo, verdadero pánico recorrer todo mi ser, me tiemblan las piernas, se me acelera el corazón y no pienso con claridad. Creo que mi mente me pide a gritos que salga corriendo de aquí -Ángel me me miró con curiosidad esperando a que acabara la frase-. Pero por otro lado, también tengo ganas de besarte y no parar ahí, quiero conocerte plenamente, acariciarte, sentirte en lo más profundo de mi ser. No puedo controlar mi cuerpo cuando estoy cerca de ti, cuando me tocas me siento arder y cuando te alejas es como si me faltara una mitad, ya no me siento completa si no estás conmigo.
Sonreí mientras besaba de nuevo sus labios. Ángel sonrió también, parecía contento.
- Lo único que puedo decirte con total sinceridad es que no quiero que te vayas, ni mi corazón, ni mi cuerpo, ni tampoco mi mente quieren que te alejes de mí, nunca.
- Creo que es lo más bonito que me han dicho en mi vida.
En ese momento sonreí como una tonta mientras me abrazaba entre sus brazos, sintiéndome completamente feliz y a la vez aterrada por qué sucedería en el segundo posterior.
- Entonces, me quedo.
Un mar de sentimientos me llenó por completo, pero ante todo me sentí feliz, plena. Nunca me había sentido de esa manera y sabía que esa noche sería fundamental en nuestra relación, habría un antes y un después pasara lo que pasara.
- ¿Puedo pedirte algo? -Pregunté sin pensar-.
- Puedes, todo sea que pueda hacerlo.
- ¿Podrías... - y en ese momento asomó en la cara de Ángel un atisbo de curiosidad que me hizo sonreír- besarme como lo hiciste la primera vez? En mi portería, aquella noche, ese beso fue...
- La verdad es que no -dijo sinceramente muy serio-.
Sentí caer y partirme en pedacitos, como si rompieran un sueño muy bonito en mis narices y lo pisotearan con ganas.
- ¿Por qué?
- El primer beso es el primer beso. Se une la emoción de la primera vez, ser dos desconocidos, la inseguridad, el deseo... nunca puede repetirse ese momento -me sentí deshecha, hundida-. Pero...
- ¿Pero?
- Nayra -dijo sonríendo- no puedo darte otro primer beso, eso es imposible, pero puedo darte un segundo, un tercero y así hasta no parar nunca. Puedo darte tantos besos como quieras, dulces, apasionados, lentos, fugaces, salvajes... Te quiero, y eso es lo único que hace que mis besos sean únicos, irrepetibles.
Una alegría y una emoción incomparables aparecieron en mi corazón. Toda esa pena y ese mal rato quedaron eclipsados por una verdad que no me esperaba, y mucho menos por una declaración que cambió mi vida.
- Yo también te quiero Ángel.
Y ahí volvieron sus labios a los míos, en un beso parecido al primero, pero incomparable. Éste igualmente dulce y tierno, fue mucho más apasionado, sentí el deseo de Ángel, sentí lo mucho que me quería. Entre sus brazos todo perdió sentido y me abandoné a esos labios suyos que ponían mi mundo patas arriba, cambiando el sentido de la vida y todo lo que creí conocer. Esa noche cambió el mundo. Mi mundo.

viernes, 25 de junio de 2010

Una rosa y un reloj de arena.

Mentiría si dijera que no me he pasado la semana esperando que, a cada hora, él entrara por la puerta y pidiera cualquier cosa, charlar un minuto, sentir su mirada... pero no ha venido. Han pasado siete días desde que le vi por última vez, y no paro de pensar en él, no puedo dejar de recordar su mirada, su sonrisa... me tiene intrigada y como hechizada.
- Nayra, ¿puedes hacerme tres cafés?
- En seguida.
Toda la mañana está siendo igual, monótona, le estoy perdiendo el gusto a trabajar a raíz de su visita... ya nada es igual, me falta parte del aire constantemente, sólo sonrío cuando le recuerdo y lo peor, es que me siento inútil. ¡Ni siquiera le conozco! ¡Sólo es un chico!
- ¿Has pedido algo sin consultarme?
- ¿Qué?
- Hay un paquete para ti, a tu nombre, me lo acaba de dar el repartidor -dice mi jefe intrigado-.
- Que yo sepa no.
- Bueno, pues, abrélo y salimos de dudas.
Es un paquete de cartón, la típica caja de correos. Al abrirlo hay una pequeña caja negra de lata, con dos simples rayas rojas en un lado y pone: TIME. Me parece la mar de intrigante. Sin perder tiempo, dejo el cartón en la barra y con cuidado retiro el celo para poder abrir la caja, poco a poco va cediendo. Ambos lados ya están abiertos. Retiro la tapa y en su interior hay una tarjeta en blanco con mi nombre en una excelente caligrafía.
- ¿Y esto? -pregunta mi compi-.
- No tengo ni idea.
Retiro la tarjeta para leerla y puedo contemplar un precioso reloj de arena, la estructura es de hierro negro y el vidrio, completamente transparente, deja ver una arena de un tono azulado que se mantiene estática a ambos lados del reloj.
- Me encanta -digo instintivamente-.
Mis dos compañeros me miran intrigados, y yo, con el corazón completamente acelerado empiezo a leer el papel esperando a que mi ángel fuera el causante de semejante regalo.

"Espero que el tiempo que pasemos juntos sea lo más lento posible, y que se aceleren las horas cuando no te tengo cerca. Te obsequio mi tiempo, lo más valioso que tengo. Espero que te guste el detalle, te pasaré a buscar mañana por la tarde para ir a cenar, espero que me digas que sí. Envíame un mensaje confirmándome la asistencia a mi número, por favor.
Tengo ganas de verte
Ángel."

¿Qué decir? Sin palabras, absolutamente sin palabras. Era el detalle más bonito que alguien había tenido conmigo en mi vida, no sabía qué decir, ni qué pensar. Estaba radiante de felicidad y todos los clientes se dieron cuenta, tanto esa tarde como el día siguiente.
En mi contra: nerviosismo. No podía tranquilizarme, pensaba en cómo sería esa noche, esa cena... hacía mucho tiempo que yo no salía con nadie, mucho tiempo que no sentía nada por nadie... y ahora, tan de repente, con alguien a quien apenas conocía... pero tenía ganas, eso estaba claro.

Mi jefe me dejó plegar media hora antes, así que me subí a su casa (está justo encima del restaurante), me duché y me puse un vestido negro de medio vestir que me queda bastante bien. Mis sandalias de tiras, con apenas tacón, mi pelo suelto, un poco de maquillaje y listo. Nerviosa era poco, creía que iba a caer por las escaleras de cómo me temblaban las piernas al bajarlas. Abrí la puerta y me encontré con mi jefe, picando, impaciente.
- ¿Qué pasa?
- Lleva 10 minutos esperando -se acercó a mí, me besó la mejilla y subió a casa-.
Respiré profundamente y giré la calle, para adentrarme de pleno en la escena de una cita en meses. Lo vi, de pie, con una camisa bastante ceñida, negra, y unos tejanos, también negros, ajustados hasta cierto punto, miraba hacia la calle y aguantaba en una de sus manos una preciosa rosa roja, casi color vino, medio abierta, que olía increíblemente bien.
- ¡Buenas noches! -dije yo sonríendo-.
Él se volvió y sonrió también. Al acercarme me besó para saludarme, como yo y sonriendo me ofreció la rosa. Muerta de felicidad la acepté y caminamos calle arriba. Me sentía muy segura a su lado, tranquila.
- Estás preciosa.
- Gracias, tu también estás...
- Nada, informal, normalmente voy de traje. Lo que ocurre es que bueno, quería ir un poco diferente, al menos esta noche.
- ¿Y eso?
- Bueno -dijo él, parándose y retirando mi cabello de mi cara, mientras juntábamos nuestras miradas- creo que eso es bastante obvio, ¿no?
Yo me sonrojé y sonreí. También él sonrió y seguimos caminando, no tenía ni idea de dónde me llevaba, aunque realmente, no me importaba en demasiado.

Después de estar hablando un rato, llegamos al restaurante. Era especial, pequeño, casi invisible desde las calles principales, con un olor a casa familiar, a comida de la abuela. Apenas si había 5 mesas de 4 y un par más de 2. Uno de los camareros, de entrada edad, se le acercó contentísimo y le dio un fuerte abrazo. Entonces, pasamos a un pasillo y cogimos un ascensor. Llegamos a la sexta planta y entramos en un pequeño ático. Estaba todo lleno de plantas, y justo al lado del balcón había una pequeña mesa redonda, preparada para dos, con unas velas y pétalos de rosa por todo el mantel. Me pareció absolutamente increíble, era demasiado.
- ¿Te gusta?
- Esto es precioso.
- Pues espera a ver la luna, la música y la cena.
- Esto es increíble... ¿cómo?
- No preguntes, sólo disfruta.

viernes, 11 de junio de 2010

Una gran noticia.

Era martes, así que tenía la mañana libre. Adam me había pedido que entrara a trabajar una media hora antes, porque tenía que ir a llevar el coche al mecánico a las 3 y no quería dejar a Alex sólo. Así que tenía media hora menos que de costumbre, pero eso no era ningún problema.
Estábamos en julio, así que supuse que ya estarían las listas de aceptados en la escuela de Hostelería de verano (yo había mandado una solicitud y había hecho un examen para ganar una plaza ese verano, aunque no estaba muy segura de poder conseguirla). Llamé a la escuela y pregunté por las listas, una chica muy agradable me contestó que hacía 2 días que estaban publicadas, pero que no podía decirme la nota por teléfono. Le agradecí la respuesta y acabé de poner en orden mi casa antes de salir.

Bueno, vamos a empezar por el principio, me llamo Nayra, tengo 21 años y soy de Barcelona. Vivo sola, aunque parezca muy extraño, y quiero abrir en un futuro mi propio restaurante. Me gusta la comida casera de toda la vida, y en especial los postres. También me gusta la fotografía pero es un mundo mucho más complejo, además, nosé si podría dedicarme a ello, lo veo mucho más como un hobby que como una profesión. Físicamente: normal, en todos los sentidos, y como definición base, es decir, soy NORMAL. Tengo un piso, no muy grande, en Cornellá y vivo con Koba, mi perrita de 3 meses y con Anubis, mi perro de 4 años. Koba es un pastor alemán cruzado y Anubis es un Doberman de pura raza precioso. Ambos son juguetones, cariñosos y muy fieles, los adoro porque son mi familia y me alegran la vida. Mi madre ahora está viviendo en Algeciras por asuntos de trabajo y después de hablarlo largo y tendido, decidimos que yo me quedaba en Barcelona, aunque me costó mucho convencerla. Entiendo que soy joven, pero ya tengo mi propio trabajo y no estoy preparada para irme de aquí, mejor dicho, no quiero irme de aquí, y no pensaba dejar de mi vida por un trabajo que posiblemente sea temporal.


Mi padre, o mejor dicho, mi progenitor masculino, se fue de casa hace años y aunque mantengo una relación medianamente "real", no forma parte de mi vida. Acepto "hablarle" y "verle" en contadas ocasiones por la constante insistencia de familiares puesto que es mi "padre", aunque todo sentimiento real afectivo que podría tener hacia lo que yo denomino padre no tiene nada que ver con él. Soy soltera, tengo unos cuantos amigos y tengo una relación increíble con la familia de mi madre. Igualemente mantengo una buenísima relación con mis 2 hermanos y con mis 3 sobrinos, a los que adoro y quiero muchísimo.

Como ya dije antes, Adam es mi jefe, y Alex mi compañero. Leer es uno de mis hobbys y la cocina es mi medio natural por excelencia. Practico deportes, me encanta viajar y acostumbro a dibujar de vez en cuando, me relaja y me ayuda a descargar tensiones. Parte de la decoración del restaurante está hecha por mi, yo diseñé el actual logo, la posición de las mesas, los manteles y las servilletas. Algunos de los cuadros o fotos són míos, y también elegí yo los tonos en que está pintado el local, aunque lo mejor fue pintarlo entre los 3 y un par de amigos.

Bueno, que me voy por las ramas... He salido de casa después de organizar un poco las cosas, y bueno, me he dirigido a la escuela a ver las listas, estaba impaciente, nerviosa y muy acalorada. Así que he ido por la sombra todo el rato que he podido… al llegar a la puerta, una larga respiración y un paso. ¡VAMOS!

Y he llegado a información, antes de ir a preguntar, me he dado cuenta de las listas, a la derecha, en un tablón, así que he cambiado de dirección y poco a poco, paso a paso me he ido acercando. Cierro los ojos y suspiro. ¡Por favor!

Alonso, Baena, Camacho, Ezequiel… ILENA, Nayra. ¡Sí! ¡Me han cogido! He empezado a saltar y a gritar, y aunque la pobre mujer de la entrada se me ha quedado mirando preocupada, ha sonreído al entender mi alegría.

¡El móvil! ¿Dónde está mi móvil? Marco: 675… a ver, a ver…

- ¿Nayra?

- ¡Mamá! Soy yo.

- Sí, lo sé… ¿Qué pasa?

- ¡Me han cogido!

- ¿De verdad? Me alegro muchísimo cariño, ¡qué bien! Te lo mereces.

- Gracias mamá, estoy… no tengo palabras.

Hemos estado hablando unos cuantos minutos y luego le he dicho que tenía que colgar porque iba a salir a la calle y no me gusta ir andando con el móvil. Nos llamaremos otro día, total, siempre estamos en contacto. Mi jefe y mi compañero también se han enterado y aún tenía unas horas para darme una vuelta. Al final he aprovechado para pedir la lista de utensilios y certificados o papeleo que necesitaba, y después me he ido al centro comercial a comprarme unos zapatos de verano y algo de vestir. Es que en dos días hay una fiesta de compañeros de instituto, y no tengo nada que ponerme, y así de paso estreno algo.

Son las dos, pero ya estoy llegando al trabajo. Me gusta llegar siempre un poco antes, porque así voy tranquila. Ellos ya se están preparando para salir corriendo en cuanto llegue, los veo desde fuera. No hay demasiada gente comiendo, pero tendré que currármelo un poco para atender a todo el mundo rápidamente.

- ¡Ya estoy aquí!

- Como siempre, llegas pronto.

- Unos somos muy puntuales, otros siempre llegan tarde.

- ¡Nayra!

- Yo sólo lo he dicho, ¡eres tú el que se siente aludido!

Son casi las cuatro menos cuarto, la gente ya está acabando de comer. Por como ha sonado la puerta creo que ha entrado alguien, según cuantos sean tendrán que pedir algo tipo bocadillo, porque no me queda casi menú y a estas horas, yo sola, no puedo hacerles cualquier cosa.

- ¿Perdona me puedes poner un café solo?

- Ahora mismo.

Ni siquiera sé quien es. Por la voz es un hombre joven, aunque no sé por qué esa voz me suena… muchísimo, es como si le conociera. A ver los postres a la mesa seis, la cuenta a la doce… y Marta me ha pedido un café con leche. El café para el chico. Ponemos la máquina, el platito, el azúcar… ¡listo!

- Aquí tiene su café.

- Gracias.

Subo la mirada y… es él. Ángel. Otra vez, creo que voy a volver a caerme… me pierdo en sus ojos cuando me mira, es una sensación tan extraña, tan diferente a lo que jamás sentí… ¿por qué me pasa esto?

- ¡Hola de nuevo! –dice con una sonrisa preciosa-.

- ¡Hola! –Medio tartamudeo-.

- Eh… Nayra, ¿verdad?

- Ángel.

- Sí. Gracias por las indicaciones de ayer, habría llegado tarde si no vuelvo a encontrarte. Al pasar por delante he pensado que quizás trabajabas aquí… y pensé en pasar a saludarte.

Una pizca de nerviosismo en su voz. En mis mejillas rubor y una sonrisa tonta en mi cara. Parecía que se había parado el tiempo, hasta que María reclamó su café con leche. Ángel tardó rato en tomarse el café y sentía como me recorría con la mirada mientras iba de un lado a otro del restaurante.

- Bueno… ya no me puedo quedar más. Otro día me paso y charlamos un poco, ¿vale? Porque no sé nada de ti excepto tu nombre.

- Tampoco es que pueda contarte mucho, soy bastante simple.

- Me gusta la simplicidad.

Sonrisa y ese aire, esa mirada… me gusta sentirme así.

- Entonces, ¿no te importa que venga otro día?

- ¡No, para nada!

Risas, creo que se ha notado demasiado que QUIERO QUE VENGA. Intento disimular pero es demasiado tarde. Se levanta del taburete, se apoya en la barra y acercándose a mí, besa suavemente mi mejilla y en un segundo:

- Me encanta ver cómo te sonrojas, Nayra –yo empiezo a suspirar-. ¡Nos vemos!

domingo, 30 de mayo de 2010

LA 3ª CALLE A LA DERECHA: un ángel

- ¿Podría decirme cómo se llega a la calle Masnou, a la nueva biblioteca municipal?
- Sí señora, sin problemas. Tome esta misma avenida toda recta y gire en la tercera calle a la derecha, a mano izquierda ya verá el edificio de vidrio.
- Muchísimas gracias.
Era la octava vez en esa mañana que entraba alguien a preguntar por la nueva biblioteca, menos mal que a mí se me había ocurrido ir a verla antes de empezar la jornada y podía indicar bien el camino. La verdad es que para dar tanta publicidad sobre ella y las mil cosas que albergaría, estaba bastante mal indicada.
- ¿Nayra alguna comanda?
- No Adam, sigue siendo gente preguntando por la biblioteca.
- ¿Otro?
- Sí, esta mañana la gente sólo quiere ir a la biblioteca. Parece que a nadie le apetece desayunar.
- Pues eso será... no entiendo qué les interesa de la biblioteca, como si nunca hubiesen visto una...
- Lo que ocurre es que es nueva, dan cosas gratis, enseñan el edificio y, además, hay más cosas que libros. Han adaptado salas de estudio, hay revistas, películas, música... y bastantes cosas más, está muy bien.
- ¿Ya has ido?
- Sí, me he pasado antes de venir, total, me pilla de paso.
Adam es mi jefe, bueno, mi jefe y mi compañero. Económicamente hablando si es el jefe, puesto que el local es suyo y el restaurante-cafetería también, pero en lo que se refiere a la relación, es un compañero de trabajo, a veces incluso parezco yo más jefa que él. Es muy infantil y necesita que a veces le dé un par de gritos para hacer las cosas, aún así es el mejor compañero de trabajo que uno desearía.
- ¿Y Alex?
- Aún no ha llegado.
- ¡Qué raro...! ¿Alguna vez será capaz de llegar a su hora este chico?
- Quizás... pero eso significaría el fin de los días, o algo peor.
- Tienes razón, mejor que no rompa el equilibrio del mundo con un día de puntualidad.
Justo en ese instante, se abrió la puerta de repente, como no: Alex. Corriendo, con su bici, despeinado y sin aliento.
- ¿Ya me estabais poniendo verde?
Ambos reímos, Alex dejó la bicicleta en la parte de atrás y se colocó el delantal. Fregó el suelo rapidamente y se unió a mí en la barra, nada más entrar ya tenía su café con leche preparado en el rincón, hoy con un croissant acabado de sacar del horno.
- ¡Oh muchas gracias! -Dijo agarrándome de la cintura y dándome mi beso matutino-.
- De nada, desayuna anda que tenemos cosas que hacer.
- ¡En seguida mi general!
Mis niños. Ambos mayores que yo, ambos con mucha más experiencia y con muchos más años en ese local, aunque era yo la única que se había ganado el puesto de mando. No obstante, era el mejor trabajo del mundo.

- Adam, ¡tenemos visita!
- ¡Ya voy mi amor!
La mesa 2 y la 5 estaban ocupadas, un grupo de 6 chicas universitarias y una pareja de ancianos que acostumbraba a venir unas 3 veces por semana. Empezaba mi trabajo.
- ¿Nayra vas tú a las mesas?
- Sí, mejor, llama otra vez a Adam que éste se duerme, y enciende el fuego y prepara la cafetera, por favor.
- Muy bien.
Me acerqué primero a las chicas, ya me conocían.
- Buenos días, ¿sabéis más o menos que vais a desayunar hoy?
- Para beber lo de siempre.
- ¿4 zumos de naranja naturales y 2 de melocotón y uva? -Ellas asintieron-.
- ¿Qué tienes hoy para desayunar?
- Pues hoy he hecho croissants, os los puedo poner solos, con crema, con chocolate o salados, tipo con jamón y queso o con un frankfurt.
- Perfecto, yo quiero uno de chocolate.
- Que sean 2.
- Mas bien 3.
- Pues yo lo quiero de jamón y queso.
- ¿Puede ser con mantequilla y mermelada?
- Claro, se me había olvidado, perdón.
- Pues que sean 2.
- Y luego, como siempre, ¿3 cafés solos, 1 cortado descafeinado de sobre con sacarina, una leche templada y un café con leche grande?
- Exacto.
- Entonces para empezar: 4 zumos de naranja y 2 de melocotón y uva, 3 de chocolate, uno de jamón y queso y otros 2 con mantequilla y mermelada. Por cierto, ¿mermelada de...?
- Ciruela.
- Fresa.
- Muy bien, gracias.
- A ti.

- ¡Nayra!
- ¿Sí?
- Nos pones lo de siempre, por favor.
- ¿Dos cafés con leche y churros?
- Exacto.
- Muy bien, en seguida se lo llevo.

Y bueno, así continuó toda la mañana. A las doce y media tuve mi media hora de descanso y me fui a dar una vuelta, tenía ganas de caminar y tomar el sol, hacía muy buen día. Me llevé uno de mis croissants (el mío de frankfurt) y fui desayunando tranquilamente mientras veía pasar la gente, en su vida diaria, y de vez en cuando me paraba a hacer unas fotos, pues es una de mis pasiones, quizá en un futuro pueda dedicarme a ello.
Después de un rato, me senté en uno de los bancos cercanos a mi esquina, desde ahí se ve bien el restaurante y si veo a Alex en apuros me acerco corriendo, aunque normalmente se las apañan bien sin mí. Cerré los ojos para sentir el sol en la cara y también el viento, suave, pero que se notaba perfectamente. Era un plácido y soleado día.
- Perdona...
Una voz masculina, un chico de unos veintiocho años, quizá más, o quizá menos... nosé, no tenía el tono adolescente, ni tampoco el varonil de cuando has pasado la treintena.
- Sí... -dije casi sin mirar-.
- ¿Por casualidad sabes dónde queda la biblioteca? Tengo ahora una reunión allí y no encuentro la calle.
- Sí, claro, esta misma avenida, sigues en esa dirección y... -me di la libertad de abrir bien los ojos aprovechando la sombra momentánea de una nube y me quedé muda al verle. Era un chico joven, de la edad que más o menos había calculado, vestido de traje, negro, con camisa blanca, sin corbata, el pelo negro un poco despeinado, una cara fina y bastante morena, unos labios rojizos y carnosos, húmedos, con una bonita sonrisa. Y sus ojos... marrones claros, más acentúados por el sol, que me miraron una primera vez, y me quedé helada, de pie tragando saliva, sin poder pensar, absorta...
- ¿Estás bien?
Salí de mi pequeño mundo y volví a la realidad, sentí como acariciaba mi cara y quise fallecer del gusto, era guapísimo, pero natural, atrevido y misterioso, pero dulce... y sobretodo se le veía voluble, quizá demasiado perfecto para ser real.
- Sí, sí... estoy bien.
- ¿De verdad? Siéntate, creo que te ha dado un bajón de azúcar o quizás del sol, como estabas aquí sentada, quizá te ha dado demasiado...
- No, de verdad, estoy bien, ha sido un lapsus. Me preguntabas por la biblioteca, ¿verdad?
- Sí, es que tengo ahí una reunión y ya llego tarde.
- Te acompañaría pero tengo que volver al trabajo. Es muy fácil, esta avenida en esa dirección, la tercera calle a la derecha. No tiene pérdida. Ya verás el edificio de cristal, es bastante bonito. En la puerta te informaran sobre la planta a la que tienes que ir, así que no tiene pérdida.
- Muchas gracias, de verdad.
- No hay de qué.
Él sonrió, parecía un ángel, y entonces se fue hacia el cruce, el semáforo aún estaba en rojo. Yo me giré y me dirigí a mi trabajo, cuando sentí otra vez su mano en mi piel, sabía que era él. Instintivamente me giré, y topé con sus ojos a centímetros escasos de mí...
- Perdona, pero, quería saber tu nombre...
- Nayra, me llamo Nayra.
- Precioso... bueno gracias, de verdad.
Besó mi mejilla, como si fuera algodón, muy pero que muy suave, pero cálido y se alejó medio corriendo porque el semáforo estaba en verde. Me di cuenta de repente.
- ¿Y el tuyo?
Se giró, sonriendo, y dijo: "Ángel, me llamo Ángel". La verdad es que pensé que nadie podía haberle puesto un nombre mejor: ángel, sinceramente lo era.

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