martes, 11 de enero de 2011
Los besos de azúcar y nubes
viernes, 25 de junio de 2010
Una rosa y un reloj de arena.
- Nayra, ¿puedes hacerme tres cafés?
- En seguida.
Toda la mañana está siendo igual, monótona, le estoy perdiendo el gusto a trabajar a raíz de su visita... ya nada es igual, me falta parte del aire constantemente, sólo sonrío cuando le recuerdo y lo peor, es que me siento inútil. ¡Ni siquiera le conozco! ¡Sólo es un chico!
- ¿Has pedido algo sin consultarme?
- ¿Qué?
- Hay un paquete para ti, a tu nombre, me lo acaba de dar el repartidor -dice mi jefe intrigado-.
- Que yo sepa no.
- Bueno, pues, abrélo y salimos de dudas.
Es un paquete de cartón, la típica caja de correos. Al abrirlo hay una pequeña caja negra de lata, con dos simples rayas rojas en un lado y pone: TIME. Me parece la mar de intrigante. Sin perder tiempo, dejo el cartón en la barra y con cuidado retiro el celo para poder abrir la caja, poco a poco va cediendo. Ambos lados ya están abiertos. Retiro la tapa y en su interior hay una tarjeta en blanco con mi nombre en una excelente caligrafía.
- ¿Y esto? -pregunta mi compi-.
- No tengo ni idea.
Retiro la tarjeta para leerla y puedo contemplar un precioso reloj de arena, la estructura es de hierro negro y el vidrio, completamente transparente, deja ver una arena de un tono azulado que se mantiene estática a ambos lados del reloj.
- Me encanta -digo instintivamente-.
Mis dos compañeros me miran intrigados, y yo, con el corazón completamente acelerado empiezo a leer el papel esperando a que mi ángel fuera el causante de semejante regalo.
"Espero que el tiempo que pasemos juntos sea lo más lento posible, y que se aceleren las horas cuando no te tengo cerca. Te obsequio mi tiempo, lo más valioso que tengo. Espero que te guste el detalle, te pasaré a buscar mañana por la tarde para ir a cenar, espero que me digas que sí. Envíame un mensaje confirmándome la asistencia a mi número, por favor.
Ángel."
¿Qué decir? Sin palabras, absolutamente sin palabras. Era el detalle más bonito que alguien había tenido conmigo en mi vida, no sabía qué decir, ni qué pensar. Estaba radiante de felicidad y todos los clientes se dieron cuenta, tanto esa tarde como el día siguiente.
En mi contra: nerviosismo. No podía tranquilizarme, pensaba en cómo sería esa noche, esa cena... hacía mucho tiempo que yo no salía con nadie, mucho tiempo que no sentía nada por nadie... y ahora, tan de repente, con alguien a quien apenas conocía... pero tenía ganas, eso estaba claro.
Mi jefe me dejó plegar media hora antes, así que me subí a su casa (está justo encima del restaurante), me duché y me puse un vestido negro de medio vestir que me queda bastante bien. Mis sandalias de tiras, con apenas tacón, mi pelo suelto, un poco de maquillaje y listo. Nerviosa era poco, creía que iba a caer por las escaleras de cómo me temblaban las piernas al bajarlas. Abrí la puerta y me encontré con mi jefe, picando, impaciente.
- ¿Qué pasa?
- Lleva 10 minutos esperando -se acercó a mí, me besó la mejilla y subió a casa-.
Respiré profundamente y giré la calle, para adentrarme de pleno en la escena de una cita en meses. Lo vi, de pie, con una camisa bastante ceñida, negra, y unos tejanos, también negros, ajustados hasta cierto punto, miraba hacia la calle y aguantaba en una de sus manos una preciosa rosa roja, casi color vino, medio abierta, que olía increíblemente bien.
- ¡Buenas noches! -dije yo sonríendo-.
Él se volvió y sonrió también. Al acercarme me besó para saludarme, como yo y sonriendo me ofreció la rosa. Muerta de felicidad la acepté y caminamos calle arriba. Me sentía muy segura a su lado, tranquila.
- Estás preciosa.
- Gracias, tu también estás...
- Nada, informal, normalmente voy de traje. Lo que ocurre es que bueno, quería ir un poco diferente, al menos esta noche.
- ¿Y eso?
- Bueno -dijo él, parándose y retirando mi cabello de mi cara, mientras juntábamos nuestras miradas- creo que eso es bastante obvio, ¿no?
Yo me sonrojé y sonreí. También él sonrió y seguimos caminando, no tenía ni idea de dónde me llevaba, aunque realmente, no me importaba en demasiado.
Después de estar hablando un rato, llegamos al restaurante. Era especial, pequeño, casi invisible desde las calles principales, con un olor a casa familiar, a comida de la abuela. Apenas si había 5 mesas de 4 y un par más de 2. Uno de los camareros, de entrada edad, se le acercó contentísimo y le dio un fuerte abrazo. Entonces, pasamos a un pasillo y cogimos un ascensor. Llegamos a la sexta planta y entramos en un pequeño ático. Estaba todo lleno de plantas, y justo al lado del balcón había una pequeña mesa redonda, preparada para dos, con unas velas y pétalos de rosa por todo el mantel. Me pareció absolutamente increíble, era demasiado.
- ¿Te gusta?
- Esto es precioso.
- Pues espera a ver la luna, la música y la cena.
- Esto es increíble... ¿cómo?
- No preguntes, sólo disfruta.
viernes, 11 de junio de 2010
Una gran noticia.
Era martes, así que tenía la mañana libre. Adam me había pedido que entrara a trabajar una media hora antes, porque tenía que ir a llevar el coche al mecánico a las 3 y no quería dejar a Alex sólo. Así que tenía media hora menos que de costumbre, pero eso no era ningún problema.
Estábamos en julio, así que supuse que ya estarían las listas de aceptados en la escuela de Hostelería de verano (yo había mandado una solicitud y había hecho un examen para ganar una plaza ese verano, aunque no estaba muy segura de poder conseguirla). Llamé a la escuela y pregunté por las listas, una chica muy agradable me contestó que hacía 2 días que estaban publicadas, pero que no podía decirme la nota por teléfono. Le agradecí la respuesta y acabé de poner en orden mi casa antes de salir.
Bueno, vamos a empezar por el principio, me llamo Nayra, tengo 21 años y soy de Barcelona. Vivo sola, aunque parezca muy extraño, y quiero abrir en un futuro mi propio restaurante. Me gusta la comida casera de toda la vida, y en especial los postres. También me gusta la fotografía pero es un mundo mucho más complejo, además, nosé si podría dedicarme a ello, lo veo mucho más como un hobby que como una profesión. Físicamente: normal, en todos los sentidos, y como definición base, es decir, soy NORMAL. Tengo un piso, no muy grande, en Cornellá y vivo con Koba, mi perrita de 3 meses y con Anubis, mi perro de 4 años. Koba es un pastor alemán cruzado y Anubis es un Doberman de pura raza precioso. Ambos son juguetones, cariñosos y muy fieles, los adoro porque son mi familia y me alegran la vida. Mi madre ahora está viviendo en Algeciras por asuntos de trabajo y después de hablarlo largo y tendido, decidimos que yo me quedaba en Barcelona, aunque me costó mucho convencerla. Entiendo que soy joven, pero ya tengo mi propio trabajo y no estoy preparada para irme de aquí, mejor dicho, no quiero irme de aquí, y no pensaba dejar de mi vida por un trabajo que posiblemente sea temporal.
Mi padre, o mejor dicho, mi progenitor masculino, se fue de casa hace años y aunque mantengo una relación medianamente "real", no forma parte de mi vida. Acepto "hablarle" y "verle" en contadas ocasiones por la constante insistencia de familiares puesto que es mi "padre", aunque todo sentimiento real afectivo que podría tener hacia lo que yo denomino padre no tiene nada que ver con él. Soy soltera, tengo unos cuantos amigos y tengo una relación increíble con la familia de mi madre. Igualemente mantengo una buenísima relación con mis 2 hermanos y con mis 3 sobrinos, a los que adoro y quiero muchísimo.
Como ya dije antes, Adam es mi jefe, y Alex mi compañero. Leer es uno de mis hobbys y la cocina es mi medio natural por excelencia. Practico deportes, me encanta viajar y acostumbro a dibujar de vez en cuando, me relaja y me ayuda a descargar tensiones. Parte de la decoración del restaurante está hecha por mi, yo diseñé el actual logo, la posición de las mesas, los manteles y las servilletas. Algunos de los cuadros o fotos són míos, y también elegí yo los tonos en que está pintado el local, aunque lo mejor fue pintarlo entre los 3 y un par de amigos.
Bueno, que me voy por las ramas... He salido de casa después de organizar un poco las cosas, y bueno, me he dirigido a la escuela a ver las listas, estaba impaciente, nerviosa y muy acalorada. Así que he ido por la sombra todo el rato que he podido… al llegar a la puerta, una larga respiración y un paso. ¡VAMOS!
Y he llegado a información, antes de ir a preguntar, me he dado cuenta de las listas, a la derecha, en un tablón, así que he cambiado de dirección y poco a poco, paso a paso me he ido acercando. Cierro los ojos y suspiro. ¡Por favor!
Alonso, Baena, Camacho, Ezequiel… ILENA, Nayra. ¡Sí! ¡Me han cogido! He empezado a saltar y a gritar, y aunque la pobre mujer de la entrada se me ha quedado mirando preocupada, ha sonreído al entender mi alegría.
¡El móvil! ¿Dónde está mi móvil? Marco: 675… a ver, a ver…
- ¿Nayra?
- ¡Mamá! Soy yo.
- Sí, lo sé… ¿Qué pasa?
- ¡Me han cogido!
- ¿De verdad? Me alegro muchísimo cariño, ¡qué bien! Te lo mereces.
- Gracias mamá, estoy… no tengo palabras.
Hemos estado hablando unos cuantos minutos y luego le he dicho que tenía que colgar porque iba a salir a la calle y no me gusta ir andando con el móvil. Nos llamaremos otro día, total, siempre estamos en contacto. Mi jefe y mi compañero también se han enterado y aún tenía unas horas para darme una vuelta. Al final he aprovechado para pedir la lista de utensilios y certificados o papeleo que necesitaba, y después me he ido al centro comercial a comprarme unos zapatos de verano y algo de vestir. Es que en dos días hay una fiesta de compañeros de instituto, y no tengo nada que ponerme, y así de paso estreno algo.
Son las dos, pero ya estoy llegando al trabajo. Me gusta llegar siempre un poco antes, porque así voy tranquila. Ellos ya se están preparando para salir corriendo en cuanto llegue, los veo desde fuera. No hay demasiada gente comiendo, pero tendré que currármelo un poco para atender a todo el mundo rápidamente.
- ¡Ya estoy aquí!
- Como siempre, llegas pronto.
- Unos somos muy puntuales, otros siempre llegan tarde.
- ¡Nayra!
- Yo sólo lo he dicho, ¡eres tú el que se siente aludido!
Son casi las cuatro menos cuarto, la gente ya está acabando de comer. Por como ha sonado la puerta creo que ha entrado alguien, según cuantos sean tendrán que pedir algo tipo bocadillo, porque no me queda casi menú y a estas horas, yo sola, no puedo hacerles cualquier cosa.
- ¿Perdona me puedes poner un café solo?
- Ahora mismo.
Ni siquiera sé quien es. Por la voz es un hombre joven, aunque no sé por qué esa voz me suena… muchísimo, es como si le conociera. A ver los postres a la mesa seis, la cuenta a la doce… y Marta me ha pedido un café con leche. El café para el chico. Ponemos la máquina, el platito, el azúcar… ¡listo!
- Aquí tiene su café.
- Gracias.
Subo la mirada y… es él. Ángel. Otra vez, creo que voy a volver a caerme… me pierdo en sus ojos cuando me mira, es una sensación tan extraña, tan diferente a lo que jamás sentí… ¿por qué me pasa esto?
- ¡Hola de nuevo! –dice con una sonrisa preciosa-.
- ¡Hola! –Medio tartamudeo-.
- Eh… Nayra, ¿verdad?
- Ángel.
- Sí. Gracias por las indicaciones de ayer, habría llegado tarde si no vuelvo a encontrarte. Al pasar por delante he pensado que quizás trabajabas aquí… y pensé en pasar a saludarte.
Una pizca de nerviosismo en su voz. En mis mejillas rubor y una sonrisa tonta en mi cara. Parecía que se había parado el tiempo, hasta que María reclamó su café con leche. Ángel tardó rato en tomarse el café y sentía como me recorría con la mirada mientras iba de un lado a otro del restaurante.
- Bueno… ya no me puedo quedar más. Otro día me paso y charlamos un poco, ¿vale? Porque no sé nada de ti excepto tu nombre.
- Tampoco es que pueda contarte mucho, soy bastante simple.
- Me gusta la simplicidad.
Sonrisa y ese aire, esa mirada… me gusta sentirme así.
- Entonces, ¿no te importa que venga otro día?
- ¡No, para nada!
Risas, creo que se ha notado demasiado que QUIERO QUE VENGA. Intento disimular pero es demasiado tarde. Se levanta del taburete, se apoya en la barra y acercándose a mí, besa suavemente mi mejilla y en un segundo:
- Me encanta ver cómo te sonrojas, Nayra –yo empiezo a suspirar-. ¡Nos vemos!
domingo, 30 de mayo de 2010
LA 3ª CALLE A LA DERECHA: un ángel
- Sí señora, sin problemas. Tome esta misma avenida toda recta y gire en la tercera calle a la derecha, a mano izquierda ya verá el edificio de vidrio.
- Muchísimas gracias.
Era la octava vez en esa mañana que entraba alguien a preguntar por la nueva biblioteca, menos mal que a mí se me había ocurrido ir a verla antes de empezar la jornada y podía indicar bien el camino. La verdad es que para dar tanta publicidad sobre ella y las mil cosas que albergaría, estaba bastante mal indicada.
- ¿Nayra alguna comanda?
- No Adam, sigue siendo gente preguntando por la biblioteca.
- ¿Otro?
- Sí, esta mañana la gente sólo quiere ir a la biblioteca. Parece que a nadie le apetece desayunar.
- Pues eso será... no entiendo qué les interesa de la biblioteca, como si nunca hubiesen visto una...
- Lo que ocurre es que es nueva, dan cosas gratis, enseñan el edificio y, además, hay más cosas que libros. Han adaptado salas de estudio, hay revistas, películas, música... y bastantes cosas más, está muy bien.
- ¿Ya has ido?
- Sí, me he pasado antes de venir, total, me pilla de paso.
Adam es mi jefe, bueno, mi jefe y mi compañero. Económicamente hablando si es el jefe, puesto que el local es suyo y el restaurante-cafetería también, pero en lo que se refiere a la relación, es un compañero de trabajo, a veces incluso parezco yo más jefa que él. Es muy infantil y necesita que a veces le dé un par de gritos para hacer las cosas, aún así es el mejor compañero de trabajo que uno desearía.
- ¿Y Alex?
- Aún no ha llegado.
- ¡Qué raro...! ¿Alguna vez será capaz de llegar a su hora este chico?
- Quizás... pero eso significaría el fin de los días, o algo peor.
- Tienes razón, mejor que no rompa el equilibrio del mundo con un día de puntualidad.
Justo en ese instante, se abrió la puerta de repente, como no: Alex. Corriendo, con su bici, despeinado y sin aliento.
- ¿Ya me estabais poniendo verde?
Ambos reímos, Alex dejó la bicicleta en la parte de atrás y se colocó el delantal. Fregó el suelo rapidamente y se unió a mí en la barra, nada más entrar ya tenía su café con leche preparado en el rincón, hoy con un croissant acabado de sacar del horno.
- ¡Oh muchas gracias! -Dijo agarrándome de la cintura y dándome mi beso matutino-.
- De nada, desayuna anda que tenemos cosas que hacer.
- ¡En seguida mi general!
Mis niños. Ambos mayores que yo, ambos con mucha más experiencia y con muchos más años en ese local, aunque era yo la única que se había ganado el puesto de mando. No obstante, era el mejor trabajo del mundo.
- Adam, ¡tenemos visita!
- ¡Ya voy mi amor!
La mesa 2 y la 5 estaban ocupadas, un grupo de 6 chicas universitarias y una pareja de ancianos que acostumbraba a venir unas 3 veces por semana. Empezaba mi trabajo.
- ¿Nayra vas tú a las mesas?
- Sí, mejor, llama otra vez a Adam que éste se duerme, y enciende el fuego y prepara la cafetera, por favor.
- Muy bien.
Me acerqué primero a las chicas, ya me conocían.
- Buenos días, ¿sabéis más o menos que vais a desayunar hoy?
- Para beber lo de siempre.
- ¿4 zumos de naranja naturales y 2 de melocotón y uva? -Ellas asintieron-.
- ¿Qué tienes hoy para desayunar?
- Pues hoy he hecho croissants, os los puedo poner solos, con crema, con chocolate o salados, tipo con jamón y queso o con un frankfurt.
- Perfecto, yo quiero uno de chocolate.
- Que sean 2.
- Mas bien 3.
- Pues yo lo quiero de jamón y queso.
- ¿Puede ser con mantequilla y mermelada?
- Claro, se me había olvidado, perdón.
- Pues que sean 2.
- Y luego, como siempre, ¿3 cafés solos, 1 cortado descafeinado de sobre con sacarina, una leche templada y un café con leche grande?
- Exacto.
- Entonces para empezar: 4 zumos de naranja y 2 de melocotón y uva, 3 de chocolate, uno de jamón y queso y otros 2 con mantequilla y mermelada. Por cierto, ¿mermelada de...?
- Ciruela.
- Fresa.
- Muy bien, gracias.
- A ti.
- ¡Nayra!
- ¿Sí?
- Nos pones lo de siempre, por favor.
- ¿Dos cafés con leche y churros?
- Exacto.
- Muy bien, en seguida se lo llevo.
Y bueno, así continuó toda la mañana. A las doce y media tuve mi media hora de descanso y me fui a dar una vuelta, tenía ganas de caminar y tomar el sol, hacía muy buen día. Me llevé uno de mis croissants (el mío de frankfurt) y fui desayunando tranquilamente mientras veía pasar la gente, en su vida diaria, y de vez en cuando me paraba a hacer unas fotos, pues es una de mis pasiones, quizá en un futuro pueda dedicarme a ello.
Después de un rato, me senté en uno de los bancos cercanos a mi esquina, desde ahí se ve bien el restaurante y si veo a Alex en apuros me acerco corriendo, aunque normalmente se las apañan bien sin mí. Cerré los ojos para sentir el sol en la cara y también el viento, suave, pero que se notaba perfectamente. Era un plácido y soleado día.
- Perdona...
Una voz masculina, un chico de unos veintiocho años, quizá más, o quizá menos... nosé, no tenía el tono adolescente, ni tampoco el varonil de cuando has pasado la treintena.
- Sí... -dije casi sin mirar-.
- ¿Por casualidad sabes dónde queda la biblioteca? Tengo ahora una reunión allí y no encuentro la calle.
- Sí, claro, esta misma avenida, sigues en esa dirección y... -me di la libertad de abrir bien los ojos aprovechando la sombra momentánea de una nube y me quedé muda al verle. Era un chico joven, de la edad que más o menos había calculado, vestido de traje, negro, con camisa blanca, sin corbata, el pelo negro un poco despeinado, una cara fina y bastante morena, unos labios rojizos y carnosos, húmedos, con una bonita sonrisa. Y sus ojos... marrones claros, más acentúados por el sol, que me miraron una primera vez, y me quedé helada, de pie tragando saliva, sin poder pensar, absorta...
- ¿Estás bien?
Salí de mi pequeño mundo y volví a la realidad, sentí como acariciaba mi cara y quise fallecer del gusto, era guapísimo, pero natural, atrevido y misterioso, pero dulce... y sobretodo se le veía voluble, quizá demasiado perfecto para ser real.
- Sí, sí... estoy bien.
- ¿De verdad? Siéntate, creo que te ha dado un bajón de azúcar o quizás del sol, como estabas aquí sentada, quizá te ha dado demasiado...
- No, de verdad, estoy bien, ha sido un lapsus. Me preguntabas por la biblioteca, ¿verdad?
- Sí, es que tengo ahí una reunión y ya llego tarde.
- Te acompañaría pero tengo que volver al trabajo. Es muy fácil, esta avenida en esa dirección, la tercera calle a la derecha. No tiene pérdida. Ya verás el edificio de cristal, es bastante bonito. En la puerta te informaran sobre la planta a la que tienes que ir, así que no tiene pérdida.
- Muchas gracias, de verdad.
- No hay de qué.
Él sonrió, parecía un ángel, y entonces se fue hacia el cruce, el semáforo aún estaba en rojo. Yo me giré y me dirigí a mi trabajo, cuando sentí otra vez su mano en mi piel, sabía que era él. Instintivamente me giré, y topé con sus ojos a centímetros escasos de mí...
- Perdona, pero, quería saber tu nombre...
- Nayra, me llamo Nayra.
- Precioso... bueno gracias, de verdad.
Besó mi mejilla, como si fuera algodón, muy pero que muy suave, pero cálido y se alejó medio corriendo porque el semáforo estaba en verde. Me di cuenta de repente.
- ¿Y el tuyo?
Se giró, sonriendo, y dijo: "Ángel, me llamo Ángel". La verdad es que pensé que nadie podía haberle puesto un nombre mejor: ángel, sinceramente lo era.