
No es el beso, ni las caricias, ni la voz o las maneras. Es él. La única diferencia es que quien me toca es él, son sus manos, sus miradas, su voz, su manera de tocarme, su sonrisa, como se muerde el labio mientras suspira por tercera vez, subiendo su mano por mi espalda, despacio, provocándome un escalofrío que no puedo describir... es su aliento en mi piel, las yemas de sus dedos recorriendo los huecos de mi cuerpo, es su torso contra el mío, sus labios en mi cuello, mi pelo sobre la cama y sus manos recorriéndolo con suavidad. Son sus manos, sus brazos, su cara, sus ojos relucientes recorriéndome, sus nalgas apretadas, sus piernas, a cada lado, apresándome.. aunque no hace falta, no pienso huir.
No es que el sexo en sí sea placentero, no es que sea en sí lo mejor o lo peor, no es que disfrute o no con estos quehaceres.. es simplemente que es con él, que es él quien me apresa, me acaricia y me lleva a un lugar del que no quiero volver.
No es el amor, no es el sexo.. es simplemente: ÉL.
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