lunes, 16 de agosto de 2010

La primera vez.

Gracias a todas las personas que leen mis relatos, gracias de verdad. Estoy empezando a vivir, por decirlo de algún modo, y escribir para mí es como respirar. Para muchos escribir novela erótica es algo menor, pero para mi es esencia… es parte de mi misma, me ayuda a vivir y a sentirme bien conmigo misma, mis pensamientos y mis deseos. El ver que lo que escribo se lee día a día y se puntúa de esta forma, así como los comentarios que dejáis dándome ánimos y alabando mis palabras, me hace muy feliz. Gracias por todo, ¡en serio! Me hacéis sonreír día a día.

*

Ella tenía una casa adosada en una especie de urbanización a las afueras de la ciudad. Era de dos plantas, en color salmón y con los remates en blanco. La puerta principal era oscura, pero no negra, quizá marrón muy oscuro, que con el sol brillaba. Laia se bajó del coche y abrió el garaje, entró y aparcó su coche. Albert abrió la puerta sin decir nada y la siguió, con aire frío y distante. Ambos entraron en la casa y Laia fue a dejar sus cosas al recibidor, entró en la cocina y cogió un par de latas.

- ¿Te va bien Trina?

- No quiero nada, gracias.

Ella se asomó intrigada al oír esa voz tan tosca viviendo de su niño mimado. ¿Qué le ocurría? Abrió su lata y bebió un tragó, cerró la nevera con la otra mano y se fue hacia el comedor, dónde Albert estaba apoyado en la mesa, mirando al suelo.

- ¿Se puede saber qué coño te pasa?

- Nada.

- ¡Eh! ¡Contéstame seriamente!

- ¿Qué crees que soy?

- ¿Qué?

- Te crees con derecho a hacer conmigo lo que quieres porque soy un crío y sabes que me atraes a más no poder, ¿verdad? Te piensas que me pone muchísimo todo este jueguecito y que disfruto a más no poder, que esto es lo que desean todos los chavales de mi edad, ¿no? ¿Pues sabes qué? ¡Ya no lo deseo! Antes cuando todo esto era una fantasía, estaba bien, pero ahora ya no quiero seguir jugando. ¡No me gusta en absoluto ser un títere en tus manos! ¿Tengo sentimientos sabes? Si quieres correrte cómprate un puto consolador, ¿entendido?

- Si resulta que mi niño tiene genio y todo… -dijo Laia riendo-.

- No me hace gracia.

- ¿Acaso te estoy obligando?

- ¿Qué? –Dijo levantando la cabeza del suelo y mirándola a los ojos-.

- ¿Esto es una obligación, estás aquí porque te tengo amenazado o te doy miedo?

- No –dijo entre dientes-.

- Entonces haz el favor de callarte. Ahora mismo puedes hacer dos cosas: quedarte y disfrutar del momento, o irte y no buscarme más. Yo te busco porque sé que tú me aceptas, pero nunca te forzaría. Aunque me moleste tener que admitirlo me siento asquerosamente atraída por un mocoso como tú.

Eso le hizo sonreír, y ella lo sabía. Había admitido que era más que un juguete, que no era como cualquier otro. Y sin pensarlo dos veces se le acercó y le dio un beso tierno en los labios, con dulzura.

- ¿Te importo?

- Más de lo que deberías.

Se alejó un poco de él y volvió a beber de su lata, mientras lo miraba sentándose en el sofá de su comedor, poniéndose cómoda.

- ¿Siempre eres así?

- ¿Qué quieres decir?

- Parece que te escondes detrás del sexo. ¿No te cansa ser como un juguete para los demás? A mí no me gusta en absoluto sentir placer porque sí, no me gusta que no me beses o que no pueda tocarte o…

- Eres diferente a la mayoría de hombres que conocí.

- Bueno, no sé si podría describirme como un hombre, aún soy un crío.

- Puedo asegurarte que para según que cosas eres todo un hombre. Te sigo de vez en cuando por los pasillos, y escucho a los profesores cuando hablan de ti. Eres maduro, paciente y tienes las cosas claras. La mayoría de hombres no consiguen ni la mitad de eso aún teniendo el triple de años.

Ambos sonrieron. El ambiente cada vez era más apropiado y Laia empezaba a sentirse cada vez más cómoda con él, aún no habían llegado al final y en ese momento era lo que más deseaba. Hacía un rato que se había corrido, mirándole, pero en ese instante lo deseaba como si hiciera años que no estaba con un hombre.

Albert se acercó a ella y antes de que pudiera pensárselo dos veces y echarse atrás, la besó con ansias y se dejó caer, estirándose sobre ella, en el cómodo sofá. Poco después empezó a besar su mejilla, el mentón y finalmente su cuello. Lo tenía suave y dulce, le encantaba saborear esa zona. Laia empezaba a suspirar y eso lo ponía frenético. Quitó su ropa y cuando quedó totalmente desnuda bajo él, sintió deseos de parar el tiempo y quedarse años mirándola, recorriendo su cuerpo de arriba abajo sin prisa.

Era una diosa. Dijeran lo que dijeran, para él lo era. Tenía unos pechos enormes, voluptuosos y preciosos, todo su pezón era rosado, con una gran aureola. Suaves y blanditos, no cabía uno entero en una de sus manos y eso le encantaba, tanta piel por recorrer, tan fina y tan ardiente.

Bajando por su cintura, nada escuálida, se entretuvo en su ombligo y besó esos centímetros de piel, que se erizaba con el roce de sus labios. Poco a poco fue bajando, observando de vez en cuando la cara de Laia, y sus suspiros, parecía estar en otro mundo, y por primera vez, se dejaba hacer, sin oponer resistencia. Al llegar a sus piernas, bajó directamente e sus rodillas, las besó y abrió sus muslos con suavidad. Empezó a tocar por los tobillos y fue subiendo con suavidad, al llegar casi al final, sopló sobre la parte interna y pasó su lengua juguetona. Fue subiendo poco a poco, tan despacio como podía, y entonces posó su vista en ella, en su humedad. Todo aquello, rosado, hinchado y en ese momento tan húmedo, a su alcance. Completamente visible por primera vez, lo embriagaba.

- ¿Puedo lamerte?

Laia sólo soltó un gemido de aprobación mientras Albert pasaba uno de sus cálidos dedos por su humedad. Abrió bien sus piernas y con suma suavidad tocó con la yema de sus dedos cada rincón, fijándose muy bien en dónde conseguía los mayores gemidos. A los minutos, fue su lengua la encargada de provocar las convulsiones de su amante y con ella, al poco, consiguió el primer orgasmo de Laia en sus manos, en este caso en su lengua. Sentir los gemidos, el sudor de ella, sus ojos cerrados, los estremecimientos, los latidos de su corazón... aquello no era descriptible.

- ¿Laia?

- ¿Mmh? –Dijo ella aún recuperándose-.

- ¿Qué tal he…?

Pero no pudo acabar esa frase, sencillamente porque Laia se lanzó a sus labios y lo besó frenética, mientras acariciaba su pelo, cosa que a ambos los volvía locos. Albert no pudo elegir entre la sorpresa que tuvo que ella lo besara tan ardiente cuando hacía un segundo que parecía muerta del agotamiento, o que no tuviera reparos en besarle cuando él aún sabía a ella, pues sus labios todavía tenían su gusto salado impregnado.

- No puedes dejarme así.

- ¿Quieres que…?

- Lo necesito, de verdad.

El empezó a desnudarse. La verdad es que estaba muy excitado y había empezado a dolerle de la emoción, pero no estaba seguro de nada. Era su primera vez, virgen del todo, y nervioso era poca descripción. Aún así confiaba bastante en Laia, ella siempre sacaba su parte más sexual.

- Sé que es tu primera vez… y quizá no tengo derecho a quitártela, pero te juro que si no lo necesitara no te lo pediría.

Verla así, tan sumamente excitada pudo con él. Ella estaba ardiendo, sudada, apenas podía hablar sin suspirar y sus ojos entrecerrados lo miraban con ansia. Su humedad en lugar de calmarse parecía acelerada y su corazón desbocado se oía perfectamente.

- Yo también quiero hacerlo –dijo él, contento además de esa faceta nueva, donde había podido ver a una Laia mucho más frágil y voluble, que le pedía desconsolada un poco de atención-. Sólo que no sé como será.

- Será perfecto, eso seguro –afirmó ella mientras besaba sus labios con dulzura. Albert se sintió mucho más tranquilo en ese momento y se bajó la última prenda que le quedaba.

Empezaron a besarse y Laia no tardó mucho en empezar a gemir, las manos suaves de su amante la volvían loca. Los besos siguieron hacia el cuello y al poco Albert bajó a sus senos, lamiendo y tocando por doquier.

- No puedo aguantar más –dijo Laia entre suspiros-.

Ella abrió las piernas y las dobló, subiéndolas a la altura de su cintura. Apoyó la planta de los pies en el sofá y situó a Albert a la altura, notaba su nerviosismo pero también su excitación, y no podía esperar más.

- La tienes durísima –mordió el lóbulo de su oreja el decirle eso y en un momento abrió un preservativo, que colocó con tranquilidad en su miembro, tenían que tener cuidado, no por las enfermedades ya que su niño era virgen, sino por aumentar la guardería de uno a dos niños. Con suavidad la tomó con sus manos y la colocó en su humedad, al principio, rozando sólo con milímetros su cuerpo-, hazlo de una vez, no puedo esperar más, estoy ardiendo.

Él titubeó pero después de suspirar un momento y mirarla a los ojos, la introdujo de una sola embestida. Laia gimió como nunca antes lo había hecho. Había estado con algunos hombres, pero ese momento era incomparable a todos ellos. Quizás por la inocencia de su amante y su dulzura, quizás por la situación, jamás había estado tan excitada… quizás por… ¿quién sabe? En esos momentos sólo podía pensar en él y en sus embestidas, se sentía llena.

- ¿Estás bien?

- Jamás he estado tan bien en mi vida… ¿Y tú, cómo te sientes?

- No pensaba que pudiera ser tan increíble…

No iba muy rápido, al contrario, aunque entraban hasta el final, siempre era con suma delicadeza, como si temiera romperla al entrar de una forma un poco brusca. Eso la hacía sonreír y estremecía a su corazón, cosa que nadie había conseguido. No obstante, ella necesitaba un poco más, necesitaba sentirlo…

- ¿Qué…? –Dijo él extrañado, pero ya era demasiado tarde.

Laia lo puso a él abajo y se sentó en su vientre, respiró hondo y sin pensárselo dos veces se hundió en él de una sola vez, Albert soltó un gemido que la calentó muchísimo y ella empezó a cabalgar sobre él con suma rapidez. Eso era lo que ella deseaba, él cada vez notaba más la estancia como nublada, todo daba vueltas… se irguió y tomó uno de sus pezones en su boca y agarró sus nalgas con ansia, eso que le estaba haciendo lo iba a volver loco, pero por ninguna cosa del mundo quería que parara.

- Albert… esto es… increíble.

Él levantó la cabeza y buscó sus labios, se besaron lentamente, mientras él subía sus manos por su espalda y acariciaba cada poro de esa piel. Laia se sintió completa por primera vez, aunque pasaría tiempo hasta que se diera cuenta de todo lo que estaba sucediendo, en todos y cada uno de los niveles físicos y mentales de una relación.

- Laia… ya, ya no puedo más…

- Entonces tócame, por favor… hazlo…

Él acercó su mano a su humedad, y con ayuda de la mano de su amante tocó en el lugar indicado hasta que sintió como ésta se corría de nuevo, estremeciéndose y tensando sus músculos. Ésta misma tensión pareció exprimirlo y sin poder contenerse consiguió un orgasmo increíble, fruto de su primera relación sexual con una mujer. Empezó a respirar y abrazó con suavidad a Laia sin pensárselo. Ella quizá lo rechazaría, pero él necesitaba ese contacto. Al contrario de lo que pensaba, ella se cogió con fuerza a él y le besó en su hombro, respiró de su piel y la sintió tranquila, como en paz en sus brazos. Ambos se dejaron caer hacia atrás y quedaron el uno sobre el otro abrazados en el sofá.

- Ha sido tan dulce…

- El sexo es como quieres que sea –dijo Laia tranquilamente, no obstante se acurrucó más en sus brazos y besó su cuello con dulzura, parecía una niña en ese momento-. Pero ahora no dejes de abrazarme por favor.

- No lo haré.

Y ahora, ¿qué narices iba a suceder con ellos dos?

¿Qué quieres de mí?

Diciembre.

Había acabado el trimestre. Encontrar a su pequeño le era difícil en esos días, habían estado más de una semana de exámenes y Albert no le hacía ni caso. Eso la ponía enferma, no soportaba que él pudiera pasar de ella, ese niño no. No obstante, Albert había sido lo suficientemente fuerte como para escapar de ella desde hacía más de 3 semanas, con la excusa de estar estudiando él la rehuía y empezaba a enorgullecerse de su valentía al decirle que no en contadas ocasiones, mirándola a los ojos y con talante serio. Estaba muy nervioso en esos momentos, pero había aprendido a controlarse.

El último día del trimestre Albert sólo tuvo que ir una hora a recoger unas cosas y a hablar con uno de sus profesores, le habían propuesto participar en un proyecto del campus y estaba muy contento. Salió de la sala 21 hacia la una del mediodía y se dirigía hacia la puerta de salida cuando la vio de pie, hablando con otro alumno, tocándose el pelo y poniendo sus gafas en su sitio. En ese momento sintió rabia. No quería que ella hablara con ningún otro alumno, ¿acaso también se tiraba a ese otro? Bueno quizás, al esquivarla, ella se había cansado de esperar y se estaba buscando un nuevo compañero. Empezó a pensar con dificultad y lo único que pudo hacer fue acercarse. Ella se percató de su presencia y con una sonrisa, se despidió del otro chico.

- ¡Albert! ¡Qué sorpresa! ¡Pensaba que habías desaparecido de mi vida! ¿Qué gran hazaña he cumplido para merecer tu presencia?

Él se sintió intimidado, cabreado y avergonzado a la vez. Miró a sus ojos, medio con rabia medio con miedo, y ella puso cara de ironía.

- Me estaba preguntando sobre unos papeles que hay que rellenar para el concurso ese de fotografía. –Él suspiró-. ¿Qué creías?

- Yo…

- Mira, puede que no sea una chica perfecta, pero ni pienses que me voy tirando a todo lo que se mueve, ¿entendido? Además, no tienes ningún derecho a mirarme así. Yo no soy nada tuyo.

Ella hablaba con rabia y él se quedó a cuadros. Entre ambos había mucha tensión en ese momento, y ninguno había sido sincero con el otro. Albert estaba preocupado y enfadado, no quería que ella tuviera a nadie más en su vida, podía ser que estuviera jugando y sólo fuera un polvo para ella, pero aún siéndolo, quería ser el único con quien ella jugara. Ella, por otro lado, estaba enfadada porque él la evitaba y se salía con la suya a base de miradas y palabras tajantes. Le molestaba que él no la necesitase, y sobretodo la cabreaba el sentimiento de cariño y necesidad que tenía hacia ese niñato virgen con quien jugaba.

Después de unos minutos en silencio, ambos a menos de medio metro, mirándose, llenos de dudas y rabia, hubo un poco de paz.

- No creo que seas ese tipo de chica… lo que pasa es que no puedo evitar pensar que si estás jugando conmigo, puedes querer jugar con cualquiera y eso me cabrea.

Ella sonrió. Aunque le molestaba pensar así, le encantó que él tuviera ese sentimiento hacia ella y se sintió mucho más tranquila. Estaba celoso, y eso a ella la ponía frenética.

- Me jode que me evites, ¿vale?

Él la miró extrañado, pero sólo desvió la mirada al ponerse colorado. Entonces ella, viendo que caía su fina tela de seriedad, se abalanzó sobre él y empezó besando su cuello con verdadera ansia. Llevaba tres semanas de abstinencia, y necesitaba hacer algo más que tocarse con sus manos.

- Estoy ardiendo.

Él enrojeció aún más y no se movió. Ella besó sus labios finamente y lo llevó a su coche, allí, entraron ambos en la parte trasera, por el asiento de detrás del piloto. Una vez dentro Laia siguió con sus besos y caricias, poco a poco, consiguió quitarle la sudadera y después su camiseta. Le gustaba mirarlo sin ropa, aunque no era muy fibrado y se podía decir que le faltaban algunos Kg. ella se volvía loca al verlo, era muy pero que muy erótico a sus ojos.

- ¿Alguna vez has visto a una mujer desnuda?

Él ni siquiera respondió, sólo negó con la cabeza y se dejó hacer, mientras suspiraba. Laia quería jugar con él, llevaba semanas esperándole. Así que, sin pensárselo dos veces se alejó y empezó a lamerse los labios con deleite. Entonces, quitó su chaqueta y empezó a desabotonarse la blusa, poco a poco. Albert empezaba a sentir su corazón latiendo más y más rápido, y la temperatura de su cuerpo empezó a aumentar.

- No dejes de mirarme –dijo ella al ver que él tendía a cerrar los ojos cuando se avergonzaba de la situación-.

Todos los botones de su blusa estaban abiertos, así que bajó sus manos a sus piernas. Subió con suma lentitud desde las rodillas hacia arriba y las abrió, dejando ver unas preciosas braguitas de encaje, entre unas medias cogidas a un liguero de color negro. Cogió las manos de Albert y las posó en sus caderas, justo en la goma de su lencería, y le acompañó las manos. Él empezó a bajar y poco a poco le quitó su prenda más íntima, tirándola por algún lado del coche. Laia entonces subió bien su falda y con un leve clic soltó su sujetador, el cual se abría por delante. No estaba completamente desnuda, pero así podía mantenerse a buen recaudo de las miradas externas y sabía que Albert estaba viendo todo su cuerpo con suma facilidad.

- ¿Te gusta?

Él no contestó, ni asintió. Sólo tragaba saliva con cierta dificultad mientras respiraba entrecortadamente, cerraba sus puños e intentaba no parpadear ni mucho ni poco. Entonces Laia pasó al siguiente paso, empezó a tocarse los senos, con parsimonia, primero la piel, seguidamente el pezón, rodeándolo, haciendo círculos, pellizcándolo… y poco a poco bajó una de sus manos, muy lentamente por su vientre, llegó al ombligo, hizo un leve círculo y siguió bajando. Entonces pasando su mano primero por su pubis, y seguidamente por el interior de sus muslos, acarició de una manera casi imperceptible su humedad. Poco a poco la caricia fue más grande y empezó a tocarse, lentamente, bajo la atenta mirada de su alumno.

- Puedes tocar si quieres…

Ella estaba en plena calentura, pero él no se movió. Albert en esos momentos sólo deseaba verla, no quería tocarla, sólo verla. Laia lo interpretó como un gesto de nerviosismo, Albert no era capaz de asimilar la situación, pero ese no era el problema. El niñato quería seguir viéndola a ella, sólo a ella, lo excitaba en demasía verla a ella sola dándose placer, y no quería cambiar esa escena por nada del mundo.

. De momento quiero verte, sólo mirarte.

Llegó a articular esas palabras y Laia se sonrió, ese niño tenía su cara escondida, la verdad es que la intrigaba mucho. Entonces ella bajó la otra mano a su humedad y abrió con un movimiento rápido todo su centro de placer. Entonces con una de sus manos empezó a acariciar y pellizcar el clítoris, bajaba lentamente hacia su entrada para mojar sus dedos en ese líquido espeso y pringoso, salado, que brotaba de su interior, y volvía a subir para seguir acariciando. Estaba en el quinto cielo.

Ella tranquilamente, empezó a intensificar el ritmo, cada vez más rápido… más rápido, y en tres minutos alcanzó el deseado orgasmo, más por la mirada fija de su amante, que por sus propias caricias.

- ¡Ah! Ha sido… increíble.

Entonces ella, aún con la blusa abierta y la falda tan subida se acercó a su niño y empezó a besarle y a acariciar su pecho. Albert la besó con fuerza y acarició su pelo, lleno de valentía en el momento se atrevió a tocar suavemente sus pechos y al ver la respuesta agradable de ella, bajó una de sus manos a su humedad y acarició con nerviosismo. Ella era la primera mujer, la primera en todo.

- ¡Dios mío, no dejes de tocarme! Tienes las manos tan suaves…

Él no supo que decir, sólo siguió. En ese instante ella notó todo su bulto bajo sus pantalones, era una excitación fuera de lo normal. Los abrió y con la mano derecha agarró su miembro, completamente caliente y duro.

- ¿Qué quieres que haga con él?

Albert no contestó, su cara de sorpresa y miedo fue suficiente respuesta.

- Voy a llevarte al cielo, en segundos.

Ella agarró aquello que tenía entre las piernas y con suavidad fue lamiéndolo y besándolo, poco a poco, entonces sorbió la punta y empezó a engullir, se la clavó de una sola vez tan a fondo como pudo y con ansia siguió, rápido, muy rápido. Albert no se corría y Laia tuvo que ponerse en serio para conseguirlo, después de más de quince minutos el niñato cedió y apartó su boca de él al llegar al clímax, cogiendo un pañuelo. El crío estaba muy frío y rígido, Laia lo besó y sonrió, como para calmar la situación, pero Albert no parecía feliz, precisamente.

Ella bajó del coche, subió en el asiento del piloto y arrancó. Lo iba a llevar a su casa, eso acababa de empezar. Albert en cambio, se sentó, se abrochó el cinturón y no dijo una palabra. En su interior se sentía una mierda, un mero objeto que Laia utilizaba como a cualquier otro, único quizá, pero sin sentimiento, por puro placer. No le importaba en absoluto nada excepto eso, no hablaban, no sonreían… sólo tenían sexo. Eso no iba a funcionar, él no quería ese tipo de relación.

Soy humana

Soy humana.
Estoy hecha de huesos y músculos.
De tejidos y órganos.
Células minúsculas que me forman.
Pero... más allá de lo físico, existo.
Tengo sentimientos.
Pensamientos.
Miedos y también deseos.
Tengo sueños e imposibles.
Siento dolor y alegría.
Sufro y sonrío, a cada paso.
Si me cortas, sangro.
Y si me dañas, lloro.
Soy algo más que un reflejo.
Algo más que un cuerpo o un nombre.
Soy alguien con personalidad.
Con iniciativa y futuro.
Quiero una vida.
Un trabajo y una pareja.
Quizás, sencillamente: ser feliz.

Ira.

¿Cómo puede alguien humillar y tratar de esa manera a un ser querido?
En serio, no logro entenderlo.

¿Le quieres? ¿Puedes decir sinceramente que le quieres incondicionalmente y que darías todo cuanto tienes por esa persona? Pues entonces cómo eres capaz de hacerle tantísimo daño a base de palabras totalmente intencionadas. ¿Acaso te crees mejor persona por hacer eso? ¿Crees que ganas algo destrozando a quien te quiere? No puedo entenderlo, no lo consigo.

Cuesta, claro que cuesta morderse la puta lengua y callarse. ¿Pero sabes por qué se hace? Porque tu mal humor, el momento jodido que tú estás pasando, no tienes porque pagarlo con aquellos que te quieren, aunque sean culpables en parte. ¡JODER! ¿Sabes lo jodidamente desgraciados que haces sentir a tus seres queridos? La humillación, la vergüenza, el dolor... ¿crees que vale la pena, que es lo que arregla las cosas? ¿Acaso hace que el mundo vuelva a girar el insultar a quien está contigo en ese momento? No. No y no. Egoísta, puto egoísta. ¿Te has quedado a gusto? Pues te diré algo: no estás arreglando nada, porque ahora qué vas a hacer, ¿una disculpa, una reconciliación? Y esos pedazos, ese corte, esa herida... ¿qué? Podrá sanar, por supuesto, pero quedará la marca, la cicatriz y ya nada podrá remediarlo. Lo sé, lo digo por experiencia. Quizás porque cuando hay una primera vez, siempre hay una segunda... y una tercera, y poco a poco acabas por tener la culpa de todo, incluso si llueve. Y te encierras en tu mundo, empiezas a acostumbrarte a llorar en silencio cada noche, te parece normal que alguien que te quiera te esté matando día a día, y se para todo, se acaba, ya nada importa. Quieres desaparecer, nada tiene sentido, tú no importas. El sol se ha escondido y las nubes negras acaparan tu vida, ya no hay una sola luz.

Grita, vamos, grita. No importa. No va a contestarte, callará como siempre. Y si dice algo, ya será tarde. No supo reaccionar la primera vez y ahora ya no la tienes en cuenta, ¿verdad? ¿Por qué? Ella tiene la culpa de todo, no vale nada, no tiene opinión, ni sentimientos. Pero la quieres. Es sólo mal humor, es sólo tú carácter. ¿No? Maldito cabrón, ¿cómo puedes tener tanto morro? ¿Cómo eres capaz de ir caminando por la calle con la cabeza alta, como te llamas hombre a ti mismo? No mereces el puto aire que respiras, eres un puto ser vivo sin humanidad, sin amor propio ni dignidad.

No puedo soportar verte, ni oírte.Da igual quién seas o dónde estés, me hierve la sangre cada vez que te oigo. Sois muchos, pero para mí sois el mismo gilipollas que se cree mejor que los demás y que da lecciones de amor al resto. No importa la edad, ni la apariencia, ni tampoco el tono de voz o los modales, eres un idiota acabado y egocéntrico que necesita humillar a los demás para sentirse bien en su puto mundo. ¿Qué pasa, tienes complejo? ¿Problemas? ¿Traumas? Pues te jodes, ¿qué crees que los demás estamos encantados de nuestra vida? ¿Qué vivimos en un mundo de fantasía y felicidad plena, o qué? Puto insensible de mierda. Jódete tu solo y piensa antes de hablar, porque una maldita palabra puede romper una vida, y no bastará un simple perdón y unas lágrimas de cocodrilo... pero bueno, qué importa. Tampoco es para tanto, no eres tú, y al fin y al cabo te la suda, no te importa nadie excepto tu mismo, por tanto, ¿qué mas da? Fingirás estar apenado y dirás que vas a cambiar, quizá te crean, quizá no... sea como fuere, no vas a cambiar... eres un hijo de puta y lo serás siempre. Y seguirás jodiendo la vida a los que te quieren porque eso te hace sentir mejor. No serás capaz de morderte la lengua en tu puta vida y si al final hay un poco de justicia en este mundo, te quedarás solo y culparás a todos por haberte desgraciado, por haberte dado lo que te merecías, aunque nunca vas a reconocer tu error, pues eres infalible y perfecto, ¿o no?

Sabes... por mi puedes morirte, tú y todos los que son iguales que tú. No valéis una mierda, y vais destrozando vidas a vuestra costa. ¿Sabes? Me das asco. Y si... TE ODIO.

Ojalá..

Ojalá la vida tuviera un libro de instrucciones y un boton de retroceso.
Ojalá querer a alguien fuera fácil...
Ojalá pudiera desaparecer por un tiempo.

Hay tantos ojalá... sólo, respira.

¿?

Sonreír sólo con la presencia de alguien es malo?
¿Que una buena conversación sea suficiente para ser feliz es normal?
¿Que el roce de la yema de sus dedos baste para estremecer es lógico?
¿Desear decir te quiero cada vez que lo ves... es una locura?

Quizás ha llegado el momento de decir por primera vez, a los ojos y sinceramente... te quiero, sin dudas, ni remordimientos.

domingo, 15 de agosto de 2010

Morir.

Son las 2.37 de la mañana y tengo tantas cosas en mi cabeza que no sabría por dónde empezar. Relatar algo, contar un sentimiento, inventar una historia... ¿Qué hacer? Me desbordan los pensamientos, mi cabeza parece estar en constante efervescencia, a veces me da miedo y todo. Y luego... en momentos clave, como esta tarde, al ver la película "Tomates verdes fritos", me invade un miedo aterrador al pensar en el momento en que ya nada pase por mi cabeza, cuando yo ya no exista... será la nada, porque ni siquiera me habré dado cuenta de que no estoy. Me da miedo, muchísimo miedo. Y no es la muerte, es la nada, es el no estar, ni sentir, ni pensar lo que me da miedo. El no existir. Me niego a pensar mucho en ello, porque empiezo a unir sensaciones y pensamientos, y empiezo una bola que parece no tener fin... y acabo por pasar un mal rato, cosa que no merece la pena. Morir es inevitable, pase lo que pasa habrá un segundo en que dejaré de existir, y al menos ahora, no me consuela el pensar que me recordarán o que habré sido feliz. Sólo tengo un miedo atroz a ese instante.

La muerte es mi verdugo.. y mi miedo atroz.

P.D. Profundizaré más en este tema en otro momento, ahora debo ir a dormir.

viernes, 13 de agosto de 2010

Brilla otra vez el sol

Me quieren. Ellos me quieren... creo que es la primera vez que escribo algo así, y no puedo evitar que se me nublen los ojos de lágrimas. Por primera vez en mi vida estoy aceptando y reconociendo que hay gente que realmente me quiere, que me quiere mucho. Me ha costado... lo sé. Han sido unos años muy duros, difíciles, y parecía que nada haría volver el sol. Mi vida estaba plagada de nubes negras, había una tormenta cada día y el agua empezaba a anegarme, nada tenía sentido, me sentía perdida. Y ahora, después de tantas cosas, creo que he visto salir el sol y no sabéis lo que agradezco sentir esos rayos en mi piel, esa luz en mis ojos... no me ciega, ni me molesta, estoy encantada de poder ver un sol radiante al levantarme. Ya no tengo miedo, ya no lloro en silencio por las noches, ni callo sufriendo, creyéndome en soledad. Sonrío de verdad, río con ganas y hay momentos en los que puedo ser yo misma, volverme loca de atar o sincerarme, con total confianza, ya no me siento sola, no como antes. Sé que estáis aquí, para lo que necesite... sé que puedo contar con vosotros, que no me pasará nada malo porque estaréis ahí para ayudarme. Siempre lo supe y no lo olvidé, pero la lluvia no me dejaba avanzar, ese cielo de nubes negras no me permitía ver bien y tenía tanto miedo... quizá nunca os dije lo mal que lo pasaba, nunca fui capaz de contar todo, de sincerarme... no quería aburriros, y tampoco quería que me tuvierais pena, tenía miedo de que mi dolor os alejara de mí. Pero hoy... estoy tan bien, hay baches y peleas, discusiones, momentos agridulces, lágrimas... pero soy feliz. Siento un calor abrasador en mi pecho, así como esa luz amarilla en mis retinas cada vez que abro los ojos. Ya no huele a humedad, ni resuenan los truenos... por la noche veo las estrellas y el agua que se oye son las gotas de un río que vuelve a su cauce.

Empecemos de nuevo... y, gracias por estar ahí. Gracias por quererme como soy.

Un reflejo más.

Mírate al espejo. ¿Qué ves? Gordura, flacidez, asco. ¿En serio? Por una vez vacía tu mente de tanta mentira, de tanta superficialidad... sé capaz de mirar más adentro, de conocerte por dentro, de valorar lo que tienes, de valorarte a ti misma.

Dejar de comer o vomitar, esa es la cuestión, ¿no? Y si dejas de mentirte y empiezas a vivir de verdad, encierras los estereotipos, los cánones y todas esas pamplinas y te miras al espejo sin máscaras, prejuicios y revistas de moda. Ahí hay un cuerpo, sí, más o menos bonito, más o menos gordo, pero sabes... el físico es pasajero, no dura, es lo que más cambia de las personas. En cambio tu interior, la persona que eres, con tus gustos, tus problemas y deseos, es la misma, tengas el cuerpo que tengas. ¿Que no eres una modelo de las revistas? Pues no. ¿Que te sobran unos kg? Pues quizás. Pero este no es el modo, no es el camino. Si por salud o por autoestima quieres bajar unos kg, simplemente ves al médico y haz lo que te recomienden, no empieces a girar esta rueda... NO LO HAGAS. Una vez empieces, no habrá vuelta atrás, y cuando quieras darte cuenta nunca será suficiente para estar satisfecha.

Piensa en algo: nada ni nadie vale la pena como para que desgracies tu vida. No te debes a nadie, Ana y Mia no existen, no son nada. No demuestras fuerza, ni valor, sólo te estás haciendo daño física y psicologicamente, y no sólo a ti, sinó también a todas las personas que te quieren. Esto es una enfermedad muy grave, gravísima. Y si crees que todo va a cambiar cuando tengas ese cuerpo que anhelas, con esos huesos marcados, es mentira. Si alguien te quiere porque adelgazas, es que no te quiere, no te merece. Y si viéndote de esa manera te sientes mejor es que hay un problema grave, pues no es sano, ni estético, ni bueno... ni para ti, ni para los demás.

Por una vez... piensa por ti misma y valora lo que tienes. Un físico es como el reflejo distorsionado de algo a través de un prisma, faltan muchas más caras de ti, realmente importantes que debes cuidar, y si te importa la línea y la salud, perfecto, pero hazlo desde un punto de vista sano y saludable para tu mente y tu cuerpo, así como tu alrededor, aquellos que te quieren. No te hagas más daño, y ante todo: si lo haces, no culpes a la sociedad o a tu ambiente, pues la única culpable eres tú, tú lo elegiste. Tienes la posibilidad de escoger, si lo eliges... atente a las consecuencias.

parece mentira

Nunca pensé que pudiera sentir algo así por un chico simple, tímido y poco cariñoso. Nunca creí que pudiera encontrar aquello que busco en alguien tan diferente a mí, no confiaba en que unos ojos como los suyos pudieran conseguir enrojecer mis mejillas, ni que una simple frase consiguiera una sonrisa tan sincera, una sonrisa de verdad. No pensaba que todo aquello que siempre fue tan importante, pasara a un segundo plano después de verle sonreír hablando conmigo.

Sabes... no es amor, o eso creo, pero me siento tan asquerosamente feliz cuando le tengo cerca, me siento tan sumamente plena y me río tanto. ¡Como ha cambiado mi vida en medio año! Ya nada es igual... y, SOY FELIZ.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Él.

Intento no pensar constantemente en él. Es inútil pasar tu tiempo recordando a una persona que en ningún caso haría lo mismo por ti, aunque es imposible enamorarse de quién toca. Él es el tipo de chico que nunca miraría a alguien como yo, aunque bueno, seamos realistas, no hay ningún tipo de chico que quisiera mirarme a mí como primer plato, eso está claro. No, a ver, hay que ser realistas, engañarse a uno mismo no va conmigo. Puede que mi personalidad y mi forma de ser, al igual que mis gustos o mis actos, puedan atraer a muchos chicos, por qué no, pero no mi físico. Eso lo tengo más que claro. Y en esta sociedad, aún menos. No me avergüenzo de ser lo que soy, ni como soy, soy así y punto, pero soy consciente de mis limitaciones y no voy a irme por las ramas, que luego la caída desde lo alto duele mucho. Lo sé por experiencia.

¿Tipo de chica? Bueno, es obvio no, cualquiera que me vea lo sabe: soy gordita, tengo bastantes kg de más, y bueno... no soy fea, eso es cierto, tengo suerte de que tengo una cara bonita, un pelo largo, liso y castaño claro tirando a rubio, labios carnosos y unos ojos enormes color miel. Mi cuello me encanta, y acorde con mi cuerpo tengo mucho pecho y grandes caderas. Aún no siendo "fea", sé perfectamente que la mayoría de chicos de mi edad o más mayores no van a girarse por la calle cuando paso. Alguna vez cuando me arreglo o voy un poco "provocativa" alguno me piropea o siento unos ojos clavados en mí, a veces me siento muy orgullosa y otras en cambio me comen los nervios. Aún así sería inviable afirmar que soy "apetecible", no soy tan idiota.

En cambio mi personalidad... por lo que dicen una vez me conoces, cosa que tampoco es demasiado fácil, soy un poco "adictiva". Sé un poco de todo, sobretodo de lo que me gusta, así que se puede hablar casi de todo conmigo. Soy bastante divertida y graciosa, dicen que cuento muy bien los chistes. Sé escuchar, aunque hablo mucho, eso es verdad. Me gusta hacer muchas cosas y no acostumbro a cerrarme ninguna puerta. Cocino muy bien, escribo, soy de salir bastante y me encanta bailar. Me preocupo mucho por la gente que me importa, los que realmente quiero, y soy muy detallista, me gusta ser original. Intento hacer todo lo que puedo y más por ellos, y muchas veces acabo herida justamente por esperar que los demás lo hagan también por mí. Pero bueno, ya lo tengo asumido. Me gusta hablar de sexo y mi sexualidad, no tengo vergüenza en ese aspecto y me enorgullezco de ser como soy. Tengo mil defectos, pero intento tomarme la vida con humor y con paciencia, es lo único que puedo decir.

¿Él? Pues como todos. Tiene sus cosas... en este caso, al contrario que casi todos los demás chicos por los que he sentido algo, es tímido, inocente, tiene una parte como muy pura. No toma la iniciativa y le cuesta hablar sobre él. Tiene una mirada increíble y me encanta mirarle, sentir sus ojos en mi piel me hace sonreír. Me río mucho con él y eso es una de las cosas que más me gusta. Poder estar durante horas hablando de lo que sea sin problemas, es como que tengo un lugar asegurado a su lado. ¿Cariñoso? Para nada, se deja mimar y le encanta que lo haga, pero de él nunca sale acercarse y dar un abrazo, un beso... al menos me queda la tranquilidad de que no lo hace con nadie, que no es sólo conmigo, que no soy yo a la que trata diferente (como me pasó muchas otras veces). Misterioso, muy misterioso. Hay cosas de él que voy descubriendo muy poco a poco, no quiere hablar... le cuesta muchísimo, pero no me importa, es parte de su encanto. ¿Defectos? Tiene, como todo el mundo, pero supongo que no me doy cuenta de ellos porque los tapa cualquier otra cosa de él que si me gusta :) Quizá nos parecemos mucho más de lo que creo, aunque en algunas cosas seamos 100% opuestos.

¿Sabes? No me voy a preocupar por esto, no esta vez. Sencillamente voy a disfrutar y a reírme cada segundo que esté con él, y voy a intentar no hacer tanto el idiota, ni poner esa carita de tonta felicidad que a veces se me queda.

¿Final feliz? La vida dirá...

lunes, 2 de agosto de 2010

Amor.

¿Me estás tomando el pelo no? ¿Ahora te vas a poner a hablar de mariposas en el estómago, cuentos de hadas y finales felices? ¡Venga ya! ¿Desde cuando? Tú nunca hablas de esas cosas, no eres de esas chicas que se ponen vestido y sonríen con suma facilidad cuando algo que ocurre las pone nerviosas. Tú no sueñas con principitos, ni piensas en historias felices, ni en parejas de ensueño... tú eres una chica interesante, sexualmente activa, que no le tiene miedo a casi nada, segura de ti misma, y muy convencida de que te gustan los tíos. ¿Desde cuando sueñas con fantoches subidos en un caballo blanco? ¡Vamos hombre! Sé realista, esto no es más que una fachada, ¿verdad? Esto es un artículo, una columna... sólo quieres hablar de algo que está presente en la vida de miles de personas, pero que tú tampoco valoras mucho. ¿O sí?

No me mires con esos ojos. ¿Acaso es pena, tristeza? ¿Por qué? No entiendo nada de lo que está pasando, sólo estoy intentando hablar contigo de manera sincera, como siempre lo hacemos. Te estoy haciendo daño, y lo veo en tus ojos, lo siento aquí... al mirarte, pero no entiendo el porqué. ¿Sabes? Siempre creí que te conocía a fondo, que sabía perfectamente como eras y que querías en tu vida, y ahora estoy confuso, intrigado. Te miro y me da la sensación de que esa chica que tengo delante de mí no es la misma que yo creía ver todos estos años, que esta chica segura y asquerosamente decidida que lo tenía todo clarísimo, no es esa pequeña y débil chica que me mira con unos ojos llenos de lágrimas casi suplicando un abrazo. Entonces... ¿Quién eres? ¿Por qué me has mentido todo este tiempo? ¿O es que yo no supe mirar y ver, no supe darme cuenta de qué era tu personalidad real y qué era la burbuja? Lo siento. En serio lo siento. Creo que me he pasado todos estos años creyendo saber y no me he dado cuenta de que cuanto más me enorgullecía de lo mucho que sabía, menos cuenta de me daba de lo que en realidad pasaba.

Eres independiente, pero lo suficientemente frágil como para necesitar en todo momento a alguien que esté contigo. Eres segura y fuerte, pero también débil, y cuando te hacen daño y te derrumbas necesitas que te recuerden lo mucho que vales para no hunirte. Tienes mucho futuro y crees en ti, pero necesitas a los que quieres para compartir esos logros, sin ellos nada de lo que haces te vale la pena. No te avergüenzas de tu cuerpo pero tampoco te exhibirías, puedes mirarte en un espejo pero cuando estás delante de otros te pasas minutos mirándoles y pensando que sentirán al verte, si tendrán reparos al mirarte o si incluso les dará asco tu cuerpo. Por muy guapa que en ocasiones te ves, otras pagarías millones por esconderte y no salir en años, te sientes inferior aunque siempre trates de ocultarlo. Estás orgullosa de tu familia y amigos, y son ellos los que realmente te importan, pero en el fondo te preocupa muchísimo lo que piense la gente y te afecta cantidad la opinión que los demás tienen de ti, intentas llevarte bien con todo el mundo y como nunca lo consigues te sientes fatal y frustrada, porque nunca te dan esa oportunidad que desearías. Te llevas mejor con los chicos que con las chicas, y tienes miedo constante a que el comentario desafortunado que hizo tu madre una vez se haga realidad en palabras y en cualquier momento un chico te diga que te aprecia de esa forma porque te ve como a un amigo más, como a un chico, en lugar de como a una chica. Intentas luchar por mil cosas que te impoirtan, entre ellas la sexualidad, de la cual tantos se avergüenzan, pero te da miedo que ser tan abierta en esos temas con tus amigos les haga tener una imagen de ti muy diferente a la real. Por muy sexual que seas, te has pasado la vida buscando ese amor, y ese chico, y esa historia... eres romántica como pocas y cariñosa, siempre esperas mimos de todos los que quieres y te entristece no recibirlos. Te hace sentir aislada y poco querida por las personas que más te importan, tener que irlos a buscar siempre hace que pienses que te medio aceptan, pero que si fuera por ellos jamás irían a buscarte para que tú les dieras cariño.

¿He dado en el clavo? No me gusta verte llorar... y lo que más me entristece es pensar en todas las personas que al igual que yo, tendrán esa imagen de ti, tan segura, tan espontánea y decidida, y que nunca mirarán más allá, como yo he hecho esta vez, y verán a la única y verdadera: NEUS.

sábado, 31 de julio de 2010

IDIOTA

Idiota, soy idiota. Ingenua de mí siempre creo 100% en las personas a las que quiero, no tengo que dudar de ellas... ¿no? Pero da igual, siempre acaba pasando lo mismo. Todo el mundo presupone y supone bien, excepto yo, que me creo a rajatabla las palabras de los que quiero, aunque me la estén metiendo doblada.

Una vez más: IDIOTA.
Ni siquiera me permití el lujo de dudar ni una sola vez, estaba tan convencida de que ella me lo diría, de que si hubiera algo... cualquier cosa ella sencillamente, con una sonrisa, me lo diría. No quería detalles, ni le iba a preguntar, la conozco, sé que no le gusta hablar de ello... pero al menos, decírmelo. Al menos... confiar en mí.

No importa, UN AÑO ENTERO. IDIOTA. Pero no hay nada mejor: "la gente lo supone", pues muy bien. Soy ingenua, subnormal e idiota. Yo nunca supuse, ni pensé siquiera, nunca pregunté abiertamente ni lo haría, porque era algo suyo... y esperaba que ella dijera: Neus, sí. Simplemente, pero no, era mucho más fácil que pasara 1 año y decir sencillamente que la gente lo supone, y alegar además que no tiene porque contar nada.

Cierto. Sólo que me has hecho sentir, una vez más, imbécil perdida. No sé porque tengo la puñetera habilidad de creer ciegamente a las personas y creerme lo suficientemente importante como para merecer un trato sincero de su parte, además de confianza.

Sólo me queda decir: IDIOTA.

Fragilidad.

No puedes llegar a imaginar lo frágil que soy... ¿ves esta aura de seguridad, esta imagen de chica fuerte que te mira a los ojos con fuerza? Es una burbuja, una fachada creada a raíz de las miles de veces que alguien ha conseguido hacerme daño.

Si buscaras en un diccionario la palabrá frágil, debería salir mi nombre en la última acepción. Porque soy así, frágil, débil. Muchos creen que soy fuerte, lo afirman amigos, profesores, familiares... "Nadie aguantaría lo que tú", han dicho muchos, pero en verdad nadie sabe lo rota que estoy por dentro, nadie puede ver los pedazos que hay en mi interior, nadie ve como día tras día mi corazón se recompone, lleno de heridas cosidas que tratan de abrirse, a cada latido. No soy fuerte, créeme. A cada paso que doy miro el suelo, el cielo y alrededor. Pienso 40 veces antes de caminar y nunca jamás piso con demasiada seguridad, tengo miedo que mi peso pueda romper ese suelo y caer otra vez.

No sabes la de veces que oigo en mi interior su voz, otra vez. No sabes como me acompañan sus palabras, después de tanto tiempo "No vales para nada, nadie te quiere, te vas a quedar sola". "Nadie ahí fuera va a aguantarte más que yo, ¿Quién querría estar con alguien como tú? Si alguien te quiere, ¿sabes por qué es? POR INTERES, sólo por eso, no ves que eres una lista, les vas bien y cuando te usen, se olvidarán de ti". Y no importa que pase hoy o mañana, no importa lo feliz que me sienta o lo segura que me levante, siempre hay algo que me lo recuerda. Algo que me dice que no me confíe, porque voy a caer, seguro que voy a caer... y debo estar preparada para el golpe, una vez más.

¿Sabes lo que es conocer a alguien y estar esperando a que te decepcione? Tener tanta seguridad que antes de que ocurra nada, tu ya presupones que esa persona acabará por dejarte, por huir de ti, o peor, por hacerte daño, porque es lo que te ha tocado, es lo que tú mereces, porque nadie en su sano juicio va a elegirte antes que a otra persona. Eso es horrible. No lo pienso, pero una voz en mi cabeza lo dice a cada segundo, siempre que estoy con alguien, me recuerda lo poco que valgo y lo mucho que tengo que perder si la otra persona me conoce, no para de hablar, no para de repatearme por la cara lo mal que lo he pasado y la de palos que me han dado, para que no se me olvide, para que no me pille desprevenida.

No importa quién sea, sobretodo si es un chico, siempre estoy esperando a que pase algo, porque pasará... no soy lo suficientemente buena para él, y lo tengo grabado. No importa lo mucho que me repita a mi misma lo mucho que valgo, porque en el momento justo en que me sienta un poco mal, aunque sea sólo mínimanente... esa voz estará ahí, y me recordará lo poco que valgo, y lo poco que tengo que ofrecer. Siempre estará la pregunta de: ¿por qué sigue aquí? Podría estar con cualquiera mejor que yo...

No sabes lo duro que es enfrentarse a todo esto día a día, que te va consumiendo. Tengo miedo, y me siento muy frágil. Pero nunca tengo dónde decirlo.. o a quien. ¿Qué? Reconocer que soy una imbécil y una debilucha, que no puedo con mi alma y que las palabras de él me siguen atormenando, no soy capaz, no quiero sentirme más débil aún delante de ellos, no quiero que me tengan pena... prefiero que sigan pensando que soy tan fuerte que nada me importa, y que cuando hagan algo que me rompa por dentro, crean que me voy a recomponer en dos minutos, aunque sea incapaz de olvidarlo en la vida.

No soy fuerte... sólo hago ver que lo soy.

Sexualmente activa.

¿Eso es bueno o es malo? La verdad, no lo sé. Intento ser yo misma y hablar sinceramente de este tema con las personas a las que quiero, tanto amigos, como amigas. No voy a ser quién no soy, ni voy a mentirles. Digo lo que pienso y lo que siento, a veces también lo que hago, y no me arrepiento, ni tampoco me avergüenzo, pero creo que no siempre es bueno.
A veces tengo la sensación de que se hacen una idea muy equivocada de mí. Empiezan a verme como a una obsesa sexual o algo así, creo que piensan que sólo me importa eso y que mi vida se centra en el sexo. Nada más alejado de la realidad.

Para mí, la única manera de conseguir que el sexo deje de ser tabú, de conseguir que se quiten de una vez las vergüenzas y los tópicos, que se hable de aquello que lleva siendo natural toda la vida, y que al hablar de ello se consiga una mejor vida sexual, es hablando sin tapujos y con la verdad por delante del sexo y todo lo que tiene que ver con él. Masturbación, sexo, preliminares, fantasías, relatos eróticos, porno... TODO. Soy una chica, lo sé, pero no pienso encerrarme en el espiral típico de vergüenza en el que hablar de estos temas pasa a ser un momento para olvidar y se desvía el tema en cuanto se puede. Yo lo siento, pero no soy así. Hablo y pregunto siempre que puedo y estoy ahí para mis amigos, no hay nada de malo en ello, creo, y leo o miro todo lo que quiero y puedo para saber más y más. Se supone que toda la experiencia que tenga ayudará en un futuro a mis relaciones sexuales y fortalecerá la pareja, además de proporcionar mayor placer a ambos, puesto que la vergüenza, el pudor y la desconfianza matan el sexo.

No obstante, creo que eso no tiene nada que ver con muchas otras cosas. Hablo de ello, respondo sinceramente, veo porno y escribo y leo relatos eróticos, muy bien, pero soy una chica normal. A parte de eso, soy además muy romántica y creo que si busco bien puedo encontrar una pareja para toda la vida. No creo en las relaciones abiertas, porque sé que no podría aguantarlas. Estoy dispuesta a casi todo, pero dentro de una relación formal. Aunque los tríos y las orgías no me parezcan mal, no creo que pueda hablar mucho de ello en un futuro, puesto que una cosa es fantasear y otra muy diferente la vida real, y yo en la vida real lo que quiero es una pareja con la poder compenetrarme 100%.

No soy una desmelenada que se pasa el día pensando en sexo. Sigo prefiriendo una cama con pétalos de rosa y unas palabras dulces en el oído, y una sesión de cama llena de besos y caricias, que sexo lujurioso en la cocina, sólo que la diferencia es que estoy segura de que praticaré los dos. La rutina mata, y no pienso dejar que eso pase. No obstante, estar dispuesta a disfrutar de mi sexualidad en pareja, no tiene nada que ver con muchas otras cosas que parece que la gente quiere unir a mi personalidad, y que en verdad no tienen nada que ver conmigo.

No creo en el sexo sin sentimiento, y aunque puedo fantasear con eso nunca lo haría. Soy normal y tengo pensamientos normales de chica normal, romántica y dulce, con una vida por delante que espero que sea plena. Quiero tener hijos y viajar, conseguir un puesto de trabajo que me haga feliz y publicar libros. Necesito una pareja que me entienda, que me cuide y que sea muy cariñosa, alguien familiar y con las ideas claras, con quien poder hablar de cualquier cosa y que le guste la cultura tanto como a mí. Y en último término: que sea tan sexual como yo en este sentido, que pueda confiar en él en todos los ámbitos de mi vida y que se compenetre conmigo en todas las vertientes. Alguien con quien poder hacer y deshacer cualquier cosa, que no me trate como a una niña ni como a una puta, sencillamente que quiera disfrutar de su sexualidad: igual que yo, cambiando de rutina cada día e innovando, dispuesto a no dejar que decaiga.

Por favor... no juzgueis, primero conoced. Y si no: preguntad.

Miedos.

- Miedo a estar sola.
- Miedo a no tener a nadie.
- Miedo a perder a mi madre.
- Miedo a volver a llorar.
- Miedo a que no me quieran.
- Miedo a que nadie quiera estar conmigo.
- Miedo a defraudar a mis amigos.
- Miedo a no ser una buena persona.
- Miedo a no ser suficiente.
- Miedo a ser como él.
- Miedo a no superar esto.
- Miedo a tener esta carga toda la vida.
- Miedo a perderme.
- Miedo a no poder ser yo misma.
- Miedo a ser yo misma.
- Miedo a dejar que alguien me conozca.
- Miedo a que nadie consiga conocerme.
- Miedo a no ser alguien en la vida.
- Miedo a no conseguir mis sueños.
- Miedo a no encontrar a alguien que me quiera realmente.
- Miedo a que me tengan asco.
- Miedo a ser transparente.
- Miedo a que la gente me juzque sin conocerme.
- Miedo a ser sólo una amiga.
- Miedo a no tener a nadie con quien hablar.
- Miedo a perecer en el intento.
- Miedo a hacer daño a la gente que me importa.
- Miedo.
- Miedo.
- Miedo...

Tengo tantos miedos...

Soledad.

Sola. ¿Sola? Sé que mentiría si dijera que estoy sola, y además, sería una completa egoísta sin sentimientos al decir tal barbaridad. ¡Quién tuviera una madre la mitad de buena que la mía, quién pudiera hablar de una familia tan unida, rara y divertida cómo la que yo tengo! Y, ¿los amigos? Los tengo, no a cientos, pero si que valen millones. Me quieren, y sé que están ahí. Mentiría asquerosamente si dijera cualquier otra cosa. También tengo conocidos y de más personas que sé que me darían su mano si cayera ahora mismo.

Pero... a veces me siento tan sola. Sé que no tengo derecho a decir esto, y sé que soy una egoísta por escribir estas letras, pero necesito plasmar en algún sitio este miedo y este sufrimiento. No importa cuánto le importas a la gente que te rodea, o lo mucho que te quieren. A mí en algunos momentos eso no me sirve. Me importa lo incomprendida que me siento a veces, y lo sola que estoy en algunos casos, aunque esté rodeada de mi gente. Soy diferente, y soy consciente de ello, me paro a pensarlo día a día, porque los demás no tienen porque acostumbrarse y cambiar por mí, pero a veces desearía que fueran capaces, por una vez, de ponerse en mi lugar. Desearía no tener que ser siempre aquella que piensa en todas las posibilidades y elige la mejor para el conjunto, en lugar de la mejor para mí misma. Poder, por una vez, ser egoísta y pensar en mí sin sentir remordimientos a todas horas. No tener que pensar 3 veces lo que digo para no herir a nadie, cuando los demás ni siquiera lo piensan 1 para no herirme a mí. No importa lo mucho que intento ser yo misma, siempre hay algo que me para y siempre hay cosas que no entienden de mí, pero que tampoco se paran a preguntar. Todos juzgan y nadie parece dispuesto a mirar y entender antes de afirmar.

Puede que sea una completa desagradecida y estas palabras no sean más que un sentimiento pasajero a raíz de algunos problemas que tengo, de toda la vida, y que mi percepción sea muy diferente a la realidad debido a eso. Pero la verdad es que me siento así. Siento que muchas veces estoy sola, aunque están a mi alrededor hablando conmigo, no estan a mi lado, no comprenden lo que yo quiero o lo que necesito. No recuerdo bien la última vez que alguien dijo algo bonito en relación a mí de manera sincera, sin bromear o como cumplido después de algo que había hecho. No recuerdo el último abrazo o cariño que alguien me dió sólo porque le apetecía en ese momento, o porque veía que yo lo necesitaba. Y a veces es eso, necesitan que pida las cosas o que rompa a llorar para darse cuenta de que necesito que me den un abrazo, y estoy harta, no me gusta nada llegar a ese punto. No quiero estar llorando por las esquinas como una desgraciada para que por pena vengan a consolarme. Sólo querría poder sentir esos abrazos alguna vez porque ellos quisieran sinceramente: dármelos, y prácticamente nunca pasa. Tampoco es que me rechacen cuando yo se los doy, pero cansa tener que ir siempre a por la gente, cansa tener que estar siempre detrás y sentir que tú nunca tienes a nadie detrás, tanto si lo necesitas como si no.

Estoy cansada de pensar tanto, de tener que hacer tantas cosas e intentar ser mejor a cada momento, agradar, querer y mimar... porque después es peor el batacazo cuando sientes que ellos no hacen ni el más mínimo esfuerzo en comparación. Estoy cansada de sentirme sola e incomprendida, siendo más una madre que una amiga. Necesito aire, necesito cariño... y necesito esa sensación de estabilidad que hace tanto tiempo que perdí.

No soy capaz de tirar adelante... y eso me da mucho miedo.

Estrellas.

Son soles, ¿no? Estrellas que alumbran otros planetas, otros sistemas... candentes y enormes, con gran luz, con mucho calor. Aparecen sólo de noche, a cientos, a miles... llenando ese cielo azul nuestro de puntitos luminosos que forman miles de constelaciones que conocemos o ignoramos. No importa dónde te encuentres o cómo te sientas, al caer la noche, estirada en cualquier lugar, dejas de pensar y te centras en algún minúsculo puntito en el cielo... buscas formas y te regodeas cuando encuentras alguna, aunque estés equivocado, da igual, en ese instante eres feliz.

Su luz quizá extinguida nos saca sonrisas e historias, da cobijo a parejas y a solitarios, ayuda a encontrar el norte, y también el sur de nuestra historia. Da pena cuando se esconden entre las nubes, y agrada cuando la luna está llena y como un foco ilumina nuestro rostro, y deja contemplar esas pequeñas lucecitas que la rodean, como acompañándola para que no esté sola.

Se para tu mundo cuando por una vez, tranquilamente, eres capaz de dejar lo que estás haciendo, eso tan importante que corre tanta prisa, para subir a algun lugar despejado y con poca luz, mirar al cielo y parar unos minutos. Entonces observas tantas lucecitas, tantas constelaciones... todo un mundo completamente distinto al que conoces en tus ojos, al alcance de tu mano si cuentas con imaginación... te vuelves minúsculo ante esa inmensidad, pero sonríes. Esas pequeñas luces parecen alumbrar tu camino y es ahí dónde muchas veces encuentras una respuesta, o empiezas una pregunta. Eso no importa, ese momento mágico nadie podrá quitártelo, nadie podrá borrar esa fugacidad en que te has sentido reconfortado y listo para cualquier cosa, cuando la inmensidad del cielo te abarca y te da fuerzas, paz, tranquilidad. Parece que ya nada tiene sentido más allá de la relajación y una sonrisa absurda en tus labios que podrá durar una eternidad si te lo propones.

La felicidad está en las pequeñas cosas, pero tienes que mirar más de una vez para poder encontrarla. No corras... párate y descubre, no sabes lo mucho que te queda por descubrir.

viernes, 30 de julio de 2010

Paz.

Paz sería poco para describir este lugar. No es tranquilidad, ni calma, tampoco podría plasmarse en palabras como: equilibrio, perfección o relax. Seguramente no es tan intenso, ni tan increíble como yo lo siento... pero para mí es el trocito de mundo en dónde mejor me siento, el lugar al que si hablamos de espíritu pertenezco. Puede que para algunos sea ínfimo, pequeño e insípido, un simple pueblo de españa como cualquier otro, de casas encaladas y montañas peladas que lo rodean. Para otros seguramente haga demasiado calor, haya poca gente y no tenga nada que ver, muy alejado de la ciudad y de la playa. Para algunos corazones aventureros les parecerá interesante por su paisaje, el enclave, lo que le rodea y también sus calles, que son incomparables a cualquier otro lugar, pero una vez visitado no volverán.

Para mí, en cambio, es como el paraíso. Pequeño, pero vivo, blanco, con todas esas callejuelas que se entrecruzan en mil sitios, todo lleno de plantas, de flores de vivos colores, las fuentes que nunca paran de sonar, el agua brota sin cesar a cada segundo, imparable, su gente tan dicharachera como siempre, su paisaje inigualable, el castillo,...

Lanjarón. Calles, fuentes, olores... es mi paraíso, el lugar a dónde pertenezco... no importa porqué, ni cuándo... sólo sé que mi alma se ha quedado ahí, en esas calles, con esas fuentes sonando de fondo, debajo de esas estrellas, de ese cielo estrellado que nunca vi tan lleno como en ese lugar.. ya nada puede sanarme de este veneno, me corroe las entrañas. Cuento los segundos para volver a respirar ese aroma.

Ya he vivido... y no voy a volver a sobrevivir.

miércoles, 7 de julio de 2010

TEMA CINCO

Preliminares, juegos y de más

En una pareja es sumamente importante la parte anterior al coito. Puede llegar a ser tan interesante o más que esta segunda parte, y gozar de ella un largo tiempo es del todo placentero. Hay mil cosas que hacer en esos preliminares y puedes innovar o sorprender con todo aquello que quieras, siempre y cuando no sea grosero o deshechado por la pareja.

Es importante el estímulo de zonas sensibles que quizá no resultan tan obvias. Por ejemplo: los lóbulos de la oreja, la nuca, la mandíbula, el cuello, las clavículas, el vientre, la zona interior de los muslos... con caricias, lametones, susurros, soplar aire frío... o con un cubito. Posteriormente puede pasarse a las zonas más candentes, que suelen ser los senos, el culo y todo el centro femenino, así como también el pecho y el pene/testículos del hombre.

Es importante saber llevar los tiempos y las zonas. También sirve para conocer más a tu pareja. En esos momentos se deben susurrar cosas o explicarlas, contar las fantasías, pedir cosas, suplicar, sorprender, innovar... pueden usarse las manos o la lengua, así como el resto del cuerpo. El antes del momento cumbre es tan importante como el momento en sí, pues no deja de ser la preparación, el preámbulo...

Se toma como preliminar normalmente el beso, la caricia y en algunos casos el sexo oral. Pueden pasar mil cosas más en esos preliminares.
- En primer término hay que darle al momento del desnudo su papel importante. Una manera de desnudarse o de desnudar puede cambiar el curso de una relación, podemos hablar de streaptease, quitar la ropa con los dientes, no desnudar a la pareja (es decir, hacerlo con la ropa puesta), quitarse la ropa corriendo, rompiendo telas y desgarrando botones, tomar sus manos entre las tuyas e irse desnudando... hay mil maneras de hacer las cosas, y cómo lo hagas podrá condicionar lo siguiente.
- Es importante también todo aquello que se diga. Cierto es que tanto hombres como mujeres solemos apreciar más un sexo tranquilo, romántico y pausado... que un polvo salvaje, pero como ya he dicho en otras ocasiones: LA RUTINA CANSA. Es importante saber decir y cómo decir las cosas. Puede calentar o gustar tanto un: "te quiero muchísimo" en el oído susurrado, como un "te deseo", como un "tengo unas ganas locas de comértela entera". Usar términos eróticos o subidos de tono, no está nada mal. Hay veces en que las emociones se canalizan en la parte romántica y otras que pueden o deben canalizarse en una parte más salvaje, quizás animal.
A mí como mujer, no me parece una falta de respeto o una agresión que mi novio mirándome a los ojos diga "chúpamela", o que en un momento dado suelte algo como "te voy a follar tanto esta noche que mañana no vas a poder andar". En el momento, en ese contexto, me excitaré muchísimo y será hacer el amor igualmente que cuando me dice "eres preciosa y me pasaría la vida acariciando tu pelo" y todo son besos, puesto que hacer el amor es sencillamente que la relación conlleve una serie de sentimientos adheridos que un polvo no lleva.
- La ropa puede cambiar un momento. Usar lencería, o ponerse algo que la pareja "adora" da un nuevo giro a la historia. Obviamente lleves lo que lleves, seguro que acabará por el suelo, pero es el gesto de preocuparte y hacer algo por el otro.
Lencería fina, un disfraz de sirvienta, de gatita... traje de camisa y corbata, peto de fontanero, uniforme militar... etc. De la misma manera, la misma desnudez también puede llegar a ser de lo más erótico si sabe aprovecharse.
- Las miradas, caricias y besos tienen el protagonismo en este instante, haz y déjate hacer, todo lo que hagas lo notarás después. Es importante en el caso de la mujer, que haya unos buenos preliminares para que ella esté lo suficientemente lubricada y la penetración sea del todo placentera, no es verdad, en cambio, que nosotras tardemos una barbaridad en conseguirlo... todo depende, una vez más, de cada mujer... y puede que ella esté preparada antes que él, o que necesite media hora para ponerse a tono. ESO DEBE HABLARSE.
- El sexo oral puede ayudar, no tiene porque ser el plato principal o el postre, puede ser tipo buffet e ir picando de aquí a allá. :)

Ante todo... experimenta, habla, descubre e innova. Si no, no tendrá futuro ni tu pareja ni ninguna otra, todo se basa en eso.

:)

TEMA CUATRO

Sexo anal.

Quizá uno de los tabús más grandes de nuestro tiempo. Para unos una práctica enteramente homosexual, para otros exige cierta degeneración para "querer eso" y para muchos otros, es una práctica como cualquier otra que debe quererse por ambas partes, si es así, es del todo normal. Siempre hay, también, quien tiene cierta obsesión con el tema y pasa a ser más bien enfermizo, pero eso puede suceder con cualquier otra práctica u objeto.

En primer lugar hay que estar seguros de querer hacerlo. El ano no es un lugar que esté preparado para recibir penetraciones a gran escala, aunque es cierto que tiene irrigación sanguínea y terminaciones nerviosas a punta pala, mucho más que la vagina. En el caso masculino es aún más placentero, puesto que es por la única zona por la que puede estimularse la próstata. No obstante, no es obligatorio y debe salir de uno mismo, poco a poco. Obligarse a algo, es una mala decisión.

Cabe tener en cuenta que no todo el mundo quiere practicarlo y debe respetarse la opinión del otro por encima de todo. A su vez, debe hacerse con suma cautela y usando tanta vaselina o lubricante como se puede, especialmente la primera vez. La lentitud debe ser la única manera de empezar y es importante recordar que no puede querer meterse de golpe, en ningún caso. Poco a poco va cediendo y en caso que no ceda, vale más parar, seguir ejercitando con los dedos y la vaselina e intentar después. Si fuerzas, ninguno de los dos sentiréis nada.

En una pareja, aunque parezca raro, pueden practicar sexo anal cualquiera de ellos. En el caso de la chica, claro está, sencillamente será penetrada por el ano en lugar de por la vagina. Mientras que en caso masculino, si su pareja es una mujer, puede estimularse esta zona con los dedos o con cualquier tipo de juguete. En muchos casos ellos afirman que una vez lo pruebas ya no puedes imaginarte una relación sin ello, puesto que los clímax son totalmente diferentes debido al estímulo de la próstata desde el ano.
Hay muchas posturas en las que se puede prácticar y tiene cierto morbo, especialmente para muchos de ellos, aunque nosotras tampoco nos salvamos. Esa mezcla de dolor, sometimiento y placer excita, eso no se puede dudar, pero a veces eso no es suficiente. Pase lo que pase, debe ser una práctica placentera y escogida, si lo es: nada puede ser mejor.

Si alguno lo habéis hecho ya, podeis contarlo, preguntar, explicar... :)

GRACIAS POR LEERME.

martes, 6 de julio de 2010

Aclaración.

Puesto que el sexo y el escribir son dos temas recurrentes en mi vida, de los cuales no puedo prescindir, escribo bastante novela erótica. Los que me conocen dicen que lo habo bastante bien, y sea o no sea así.. a mí me gusta hacerlo.
Me sirve para imaginar cosas que yo querría hacer, descargar tensión y además... aprender a describir todo tipo de situaciones, descripciones o dialogos. Espero que si alguno de mis lectores no comparte esta opinión, no se sienta ofendido por tales relatos, si es así... lo siento mucho, pero forma parte de mi misma.

GRACIAS.

Lametones.

Finales de Noviembre
¿Cómo un peluche? No, esa no sería una buena descripción. Más bien Laia lo veía como a una cosa inocente y pura que quería corromper. No dudaba que Albert tuviera su parte más cañera y segura, pero sabía que podía imponérsele de una manera que la excitaba. No acostumbraba a salir con hombres que pudiera dominar, y en esta ocasión el pensamiento de hacer con ese niñato lo que quisiera, la ponía mala.
¿Guapo? Quizá sí, había algo en él que la atraía de una forma increíble. No era como en otras ocasiones un cuerpo desmedido que emanaba sexo por los cuatro costados, a una sonrisa increíble, una manera de ser excitante o una mirada penetrante que la recorría de pies a cabeza desnudándola… en esta ocasión era inocencia e ingenuidad, unidas a un misterio que tenían sus ojos. Ese niño la tenía absolutamente contrariada.

No podía pensar, ni siquiera respirar con tranquilidad. Le iba a dar un ataque de asma como siguiera así. Laia lo tenía absolutamente loco. Aunque no quitaba de su cabeza la idea de que fuera una broma de mal gusto, la verdad es que las palabras de Laia habían sonado bastante contundentes y no sabía qué hacer. Ella sin duda era increíble y lo ponía muy nervioso, ya no iba a verla como antes y la evitaba durante todo el día, pero ella siempre era capaz de encontrarlo y susurrarle alguna grosería, tocarle o incluso besarle. Lo tenía completamente desquiciado.

Un nuevo mensaje. Otra vez Laia, seguro. “Pequeñín, mañana te espero en la sala 17 a las 12 en punto, ni se te ocurra faltar, ¿entendido? Voy a enseñarte un poco más sobre la vida. ¡Ah, por cierto! Me gusta ese polo de rayas que tienes, póntelo.” Una citación, al día siguiente… ¿Qué querría? Mejor no saberlo. Quizá era esa sensación de dominación lo que le atraía tanto de esa mujer, quizá su seguridad, sus impulsos… y claro, obviamente, su físico. Aunque estaba empezando a dudar si era tanto por eso, pues la mayoría de sus compañeros no la encontraban precisamente nada fuera de lo común. Un cuerpo medianamente atrayente, pero demasiado simple para algunos, con ciertos Kg. para otros y… muy seria y arisca para la mayoría. A él la verdad, lo volvía loco.

Estuvo pensando mil y una veces en si ir o no, y finalmente, sus pies lo llevaron a la sala 17 casi sin preguntarle. A las 12 en punto estaba ahí, no había nadie y se sintió mal al pensar que esa vez si era una broma. No tuvo tiempo a seguir pensando porque en el segundo siguiente entró Laia con las llaves, pasó y cerró.
- ¿Qué… qué se supone que haces exactamente?
- Tener intimidad.
- ¿Intimidad para qué?
A cada paso que daba ella, él daba un paso hacia atrás. Arrinconándose sin escapatoria en la pared. Excitación y miedo eran las dos sensaciones que más lo recorrían en ese instante, no sabía exactamente qué hacer o qué decir. Pero estaba claro que ella lo tenía completamente todo pensado.
- Intimidad para esto –dijo acercándose poco a poco y agarrándolo por el cuello. El beso éste superó el primero, eso seguro-.
Albert intentó respirar con tranquilidad, pero no pudo, era imposible estar tranquilo a su lado. Ella lo ponía taquicárdico.
Ella quería jugar. Laia se había estado relamiendo sólo con pensar en lo que podría hacerle en esa media hora de descanso en esa sala, y había pensado en mil posturas y cosas para probar con su pequeño.
- ¿Eres virgen?
- ¿Qué? –dijo él sobresaltado-.
- ¿Lo eres o no? –Repitió ella mientras empezaba a lamer su cuello, con pequeños mordiscos y lametones, mientras agarraba el filo de su polo de rayas, subiéndolo, para acariciar su piel-.
- Sí… sí, lo soy.
- Mmm… -dijo ella suspirando. Un virgen, empezaba a relamerse aún más-. Eso hay que remediarlo de ahora en adelante. ¿Virgen total?
- ¿Qué quieres decir?
Ella subió por su cuello y empezó a lamer el lóbulo de su oreja, con pequeños mordiscos, mientras seguía subiendo por su pecho. Tenía la piel muy caliente, y empezaba a respirar con dificultad. Este niño la ponía frenética.
- ¿Has lamido a una chica? ¿Te la han chupado alguna vez? O quizás… - entonces miró sus ojos y vió perfectamente que era COMPLETAMENTE VIRGEN, quizás hasta su primer beso lo había tenido con ella. Perfecto, absolutamente perfecto-. Bueno, entonces… hoy empezaré a desvirgarte, iremos paso a paso.
- ¿Qué quieres decir con…?
En ese mismo momento ella metió toda su mano en su pantalón, él se escandalizó e intentó apartarse pero ella no lo dejó. Sabía perfectamente que él también quería, eso era indiscutible, así que no iba a parar en ningún momento.
- Estoy tan húmeda… me muero por lamerte –susurró ella en su oído, excitándolo de mala manera-.
Abrió bien su pantalón y lo dejó caer, a continuación besó por encima de la tela su miembro y miró a sus ojos. Albert estaba apoyado en la pared, con los puños apretados, suspirando con dificultad y con los ojos completamente cerrados.
- No está nada mal… -dijo ella al notar su tamaño-.
Él dio un vuelco, pero no se movió un milímetro. Con extrema suavidad ella bajó el slip y pasó su lengua por la punta. Él suspiró. Era tan excitante… un virgen totalmente estampado contra la pared, cerrando sus ojos y suspirando, mientras ella iba a darle uno de los grandes placeres de su vida. Humedecerse era poco.
La tomó entre sus manos y empezó a besarla con cuidado, después un par de lametones, un par de caricias… ya estaba completamente erecta y ella era una golosa, no iba a poder esperar mucho más. Quería comérsela. Con glotonería se la metió en la boca, sólo la punta, y poco a poco fue chupando y lamiendo, introduciendo cada vez más trozo, cada vez más centímetros… hasta que casi la tuvo entera. Entonces subió su mano derecha hacia su torso y tocó, acarició… su piel estaba tan caliente…
- ¿Te gusta? Albert… ¿te gusta?
Él no contestó, pero abrió los ojos. Vergüenza era poco para describir su cara, pero también había excitación. Cerrando de nuevo sus ojos posó su mano izquierda en su cabeza y empezó a acariciar su pelo, no hizo fuerza con su mano y ella lo agradeció. Pasaron aproximadamente unos 10 minutos y él ya no aguantó más. Ella lo dejó acabar en su boca, y después cogió un pañuelo para limpiarse. Para ser la primera vez, no había estado nada mal, esperaba que no aguantara ni un minuto… y su tamaño estaba muy pero que muy bien, no había conseguido metérsela entera y ella era una auténtica golosa. No obstante, estaba muy pero que muy excitada. Los suspiros de Albert, sus ojos cerrados, sus caricias en su pelo, su piel suave y caliente… ese niño le gustaba, y mucho. Deseaba tener un poco más de tiempo para desvirgarle completamente. Jugar con él sería toda una aventura.

No podía creer lo que estaba pasando… era absolutamente diferente a todo lo que él podría haber imaginado. Una chica como ella con alguien como él. Ya no era por el pedazo de sexo oral que le había regalado, sino por la situación en sí, por el momento, las caras, los sentimientos que ambos habían tenido… era por todo, y no sabía qué hacer o qué pensar… simplemente estaba como en una nube.

Ella lo vistió, besó de nuevo sus labios y se fue para que pudiera sobreponerse antes de volver a la clase. No obstante, antes de irse le dejó otro papelito indicándole el lugar y la hora de la siguiente clase sexual.

Laia era… diferente. Aún así no se sentía bien del todo, feliz sí y excitado también, había sido la primera vez y había estado increíblemente bien, pero no se imaginaba que esa primera vez fuera así… no fría, pero sí distante, ni siquiera se conocían y ella no había sentido nada, ella no había dejado que él hiciera nada, ni siquiera lo había pedido. Objeto no se sentía, pero podía entender lo que decían tanto hombres como mujeres al decir que eran un mero títere sexual para la pareja. En ese feliz momento, él también tuvo ganas de llorar… pues, ¿había algo más que la simple razón de dominación y excitación ante un chico como él para que ella quisiera estar a su lado? En ese momento, no supo qué pensar. Quizá con los días, las cosas se aclararían un poco.

Ellos se vieron

Él ni siquiera había pensado en cómo iba a ser su vida sexual en un futuro. Esperaba el momento y no se sentía precisamente preocupado por empezar a experimentar. Le llamaba la atención, claro, pero no estaba ansioso… las cosas llegarían cuando fuera el momento exacto, ni más ni menos.

18 añitos. De complexión bastante delgada y piel bastante oscura. Pelo ondulado, poco sedoso, de un fuerte color negro, cortado aproximadamente por los hombros. Unos ojos marrones profundos, labios carnosos y una gran sonrisa. Las manos bastante grandes, y no muy fuerte. Tímido, eso seguro. Escondido tras una coraza de risas y comentarios graciosos, escondido de todo un mundo del que temía resultar herido. Mucho más complejo de lo que ellos creían, mucho más atento a las cosas. No era tonto, se percataba de todo… y quizás, refugiarse en esa inocencia y pasividad era lo que le salvaba.

Septiembre.

Empezaba un nuevo curso. Los nacidos en 1992 empezaban la universidad. Un nuevo camino, una nueva etapa… mucha gente nueva, muchas cosas que empiezan a cambiar y hay que tomar muchas decisiones. No obstante, él tenía claro que quería y cómo lo quería.

Primer día de clase… las típicas pérdidas de clase, los pasillos interminables, mil compañeros, llegar tarde… con los días se iría acostumbrando. El tercer día la vió y ya no pudo dejar de mirar. No sabía su nombre, pero era… indescriptible. Mayor, eso seguro, quizá una profesora, quizá alguna funcionaría de la universidad. Lo único que podía decir es que era preciosa, al menos a sus ojos era preciosa.

- ¿Quieres algo? –Dijo ella una de las mil veces en que él se la quedó mirando, embelesado durante minutos-.

Sólo pudo negar con la cabeza, agachar la mirada y salir corriendo. Ella sonrió. Otro más para la larga lista de niñatos que se iban a dar una alegría recordando esa noche sus curvas. ¡Malditas hormonas revolucionadas!

Octubre.

El niñato de primero de cabello rizado largo y con los ojos marrones se pasaba la mitad del día mirándola. La estaba poniendo muy nerviosa, por primera vez en muchos años alguien era capaz de intimidarla. Lo que peor llevaba es que fuera un niñato de 18 años delgado y con carita inocente, quizá era eso lo que la extrañaba, su carita inocente tras unos ojos que decían mucho más.

- Me está poniendo nerviosa… -dijo ella, cuando lo vio por tercera vez en ese mismo día apoyado en una de las columnas mientras la miraba de refilón-.

- ¿Qué dices Laia?

- ¿Ves ese chico de ahí? –Alex, su compañero, asintió.- Lleva desde que empezaron las clases en septiembre pasando entre 4 y 5 veces cada día a verme, simplemente me observa. Y me está empezando a cabrear.

- ¡Déjalo pobrecito! Está embelesado… como todos.

- ¡Estoy harta de ser el ideal masturbatorio de los alumnos de primero!

Alex empezó a partirse de la risa y fue a llevar un par de cosas al despacho de uno de los profesores de biología, cada día se reía más con su compañera, era realmente especial, podría decirse que absolutamente: única.

Él la miraba… era como una droga, ya no se imaginaba un día sin estar unos minutos observándola. Simplemente necesitaba mirarla, como caía su pelo por su espalda, como se subía las gafas, como ordenaba los papeles…

En un mes había descubierto que su nombre era Laia, se encargaba de todo aquello que fuera administración en torno al profesorado y a los alumnos. Estaba estudiando derecho y trabajaba en la universidad porque al haber acabado la carrera de Biomedicina se había quedado en administración, ya que no quería ejercer de ello, sino como abogada en un futuro. Tenía 28 años y vivía sola, siempre llegaba a la universidad con un Honda precioso de color negro, siempre sola, y siempre vestida con pantalón largo de vestir y americana a juego, debajo una camisa blanca y chaleco o corbata. Normalmente llevaba el pelo recogido en una pinza, con la mitad suelto en su espalda, y unas gafas bastante cuadradas de color negro. Poco maquillaje, pero con los labios bastante brillantes, rimel que acentuaba sus largas pestañas y un poco de colorete para resaltar su bonito color de piel.

Noviembre

El niñato se llamaba Albert y tenía, como ella ya había dicho, 18 añitos. No se le daba mal estudiar y era bastante callado en clase. Con un círculo reducido de amigos, pasaba bastantes horas en la biblioteca estudiando sin armar escándalo. No era conocido ni desconocido por los profesores, lo que significaba que estaba entre los normales tirando a buenos. Se notaba que le gustaba su carrera, eso sí. Al contrario que muchos otros, su mirada era limpia, la contemplaba siempre como si fuera un monumento, y eso con el tiempo empezó a gustarle. Quizá… podría jugar con él.

Era miércoles. Las doce del mediodía, si no se equivocaba, su pequeña presa estaría a punto de salir de su segunda clase y se dirigiría a su siempre cómoda columna para apoyarse durante un escaso minuto y contemplarla, mientras supuestamente arreglaba su mochila y ponía en orden sus apuntes. Estaba preparada.

- ¡Ahora voy para ya, un momento que cojo los apuntes!

Ahí venía. Como siempre se paró ahí, y al alzar la vista para buscarla… se la encontró de frente, a escasos centímetros, mirándole fijamente a los ojos y sonriendo. Dio un paso atrás y se encontró cercado por la columna y el cuerpo de ella, ¿cómo había podido llegar a esa situación?

- Te llamas Albert, ¿verdad?

- Sí… -dijo él titubeando, completamente rojo, estaba muy nervioso-.

Ella sonrió aún más y se acercó un segundo a su oído, retiró el cabello en un momento y le susurró “Encantada de que me mires a diario, pero… ¿no querrías hacer algo más que mirarme?”. Ella se separó y lo miró. Mil sensaciones diferentes pasaban por su cabeza, y ella lo estaba disfrutando a conciencia.

- Piénsatelo, ¿quieres? Y dime algo cuando lo tengas claro…

Le dejó un papelito en la mano y le besó en los labios en una milésima de segundo. Albert no sabía qué hacer o qué decir. Se sentía absolutamente fuera de contexto, se pellizcó una cantidad innumerable de veces para cerciorarse de que estaba despierto y eso no era un sueño más de los muchos que tenía.

- ¿Es en serio?

Estuvo una semana sin ir a verla, sin mirarla siquiera cuando se la cruzaba por los pasillos. En el papel había escrito su móvil, su correo y su dirección. Ni se le había pasado por la cabeza enviarle nada, mucho menos llamarla o presentarse en su casa. Debía ser una broma de sus amigos, algo así, no podía ser otra cosa.

Justo a la semana, se encontró con ella de frente de nuevo y trató de esquivarla, pero ella se interpuso en su camino y lo arrastró a una de las esquinas de la sala. Ya no había nadie allí, estaban solos.

- ¿Qué pasa?

- ¿Perdona?

- Llevo una semana entera esperando a que contestes algo, que sencillamente digas si o no… no estás obligado a decir que sí, yo pensé que tal y como me mirabas desde que empezó el curso tú…

- Pensaba que era una broma.

- ¿Qué? –Dijo ella confundida-.

- No me tomé en serio lo que dijiste. Pensé que era una broma de mis amigos, y aún lo sigo pensando. Por eso te evito y no quiero verte, no pienso caer en la broma. No vais a humillarme.

No la miró a los ojos, no subió la mirada e intentó ser lo más frío posible. Ella sonrió, esa inocencia le parecía absolutamente sexy y cuánto más la evitaba, más ganas tenía de ver a aquel pequeño niñato que intentaba escaparse de sus manos.

- No es ninguna broma.

- ¿Cómo que no? ¿De qué otro modo tú querrías…?

No pudo terminar la frase, Laia ya había empezado a besarle. No un beso cualquiera, no un pico como la otra vez, aquello era un beso en toda regla. Lengua con lengua, con pasión y lujuria… mientras hacía eso, había empezado a meter mano bajo su camiseta y empezaba a reseguir su cintura con una mano, mientras con la otra acariciaba su nuca, dejándole sin sentido.

- Esto no es ninguna broma, es mi decisión. Yo te quiero para mí, me pones enferma sólo con verte. Eres follable, muy follable. Absolutamente comible y quiero comerte. La verdad es que no me importa mucho si quieres o no… porque sé que lo voy a conseguir, pero será más fácil y más rápido si aceptas y me dejas hacer lo que me venga en gana. Piensa que sino, lo acabaré consiguiendo de una manera u otra.

sábado, 3 de julio de 2010

ESPAÑA 1 - 0 PARAGUAY

PASE A SEMIFINALESSSSSS!




Aunque parezca mentira, a mucha gente que me conoce le descoloca bastante, soy muy futbolera. Me encanta este deporte y disfruto muchísimo praticándolo y viéndolo. Soy una apasionada del futbol y me decanto por el Real Madrid en España, aunque me gusta el buen futbol, sea quien sea el que lo juega.
Como española y como futbolera, hoy no podía perder la ocasión de celebrar y publicar una entrada en mi blog sobre lo que hoy ha sucedido: en primer lugar, lo siento, pero me alegro muchísimo de la victoria de Alemania contra Argentina, y en segundo lugar, y mucho más importante, la victoria de España sobre Paraguay. MUY MERECIDA.

A POR ALEMANIA EN SEMIFINALES!
España ya sabe lo que es ganar a Alemania :)

Palabras.

Simples palabras, sólo palabras.
Una letra junto a otra.
Quizás ahora un punto.
Quizás una interrogación.
Termino con puntos suspensivos.
¿Son rayas sobre un papel?
¿Líneas confusas sobre un fondo?
¿Sólo rectas o curvas unidas,
tan sólo garabatos sin sentido?
Es mucho más, mucho más.
¿Acaso no lo ves?
Tras esas líneas, tras esa tinta..
se esconden tantas cosas.
Miedo, frustración, recuerdos.
A veces amor, cariño.
Otras dolor, resentimiento.
Incluso odio, incluso ira.
No es sólo lo que significan
o lo que cuentan.
Es lo que susurran desde atrás,
lo que llevan a sus espaldas.
El trasfondo, el contexto..
la historia de esos versos.
Quisiera que todo fuera más fácil.
Que pudieras entenderme de verdad.
Pero estás ciego, tras tu apariencia.
Ciego, sólo ves letras.
Tan sólo lees palabras sin sentido.
Quisiera... hacerte entender, sólo una vez.
Pero estás muy lejos.
Sí, lejos.
No importa lo cerca que te encuentres,
para mí siempre estás lejos.
Lejos de mi corazón y de mi alma.
Lejos de todo lo que amo,
pues tú solo miras y no ves,
no sientes lo que digo o lo que hablo.
Sólo son palabras... inútiles palabras.
Ahora desearía que entendieras una mirada..
un gesto, una risa...
pero no quieres entender, y ese es el problema.
No es que no puedas,
es que no quieres.
Y la verdad, no puedo hacer nada contra eso.

No obstante, te quiero.

TEMA TRES

Sexo "completo"

Principalmente, no es que el otro sea incompleto, pero parece que no estamos hablando de sexo a no ser que no haya penetración vaginal (en el caso de los heterosexuales, claro está). Realmente es la práctica más convencional en las parejas o en las personas, y quizás es la que menos confianza o roce implica, ya que lo resumimos al sexo. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que quizás, en mi opinión, mientras que el sexo oral es algo más "light" para algunos, para mí requiere una confianza bastante superior a este tipo de sexo. Ahora, cada uno, tiene su propia imagen de ello.

Es bastante gracioso hablar de ello, ¿no?
En algún momento del día siempre sucede algo o nos recuerda algo al sexo, y a veces es tabú, otras veces es gracioso, otras veces es duro... o sencillamente es deseo que empieza a recorrer nuestras venas y sentimos subir la temperatura de la habitación en segundos. Ciertamente cuando hablamos de sexo, hablamos de esto. En el 99% de los casos, se hagan o no otras cosas, este tipo de sexo siempre tiene su parte de protagonismo. Tanto si la persona elegida es una relación estable o un polvo esporádico, sea real o en fantasía, siempre acaba habiendo este tipo de contacto, es lo más fácil y quizás, lógico. No obstante... no es nada en sí. La penetración sencillamente no es nada.
Sin preliminares, miradas, besos, caricias, frases... y otro tipo de sexo, no hay penetración que valga la pena, ni para nosotras ni para ellos. Es instintivo, eso sí, pues queramos o no gran parte de nosotros es instinto, y como raza humana que somos, la reproducción es una parte inconfundible de nuestra existencia, a la que nos arrastran nuestras hormonas. Mientras que otros tipos de sexo no tienen nada que ver en absoluto con la descendencia, ya que se practican exclusivamente por el placer de la pareja, éste sexo es mucho más instintivo y quizá necesario. Recurrimos a él constantemente y es el único aceptado por religiones, parejas "light" o "timidos sexuales", como a mi me gusta llamarlos. Quizá sería bueno describirlo como el sexo natural, aquello a lo que nos lleva nuestra propia naturaleza.

Eso sí, hay que olvidar que el misionero también es natural. El misionero es una postura como cualquier otra, y como tal debe ser desterrado de nuestras costumbres más habituales. Quizá es cómoda, pero usada reiterativamente es muy cansina, no ofrece ningún tipo de estimulo más allá de la misma penetración, las miradas y besos o caricias que se puedan dar. Apenas hay movimiento y aún peor, la rutina cansa, sea en la postura que sea.
¿Qué es lo más normal? Innovar. Cambiar y sobretodo: dejarse llevar y disfrutar. El sexo no es ni una obligación ni una necesidad (puede que sí en parte, pero no debe tomarse de esa forma). El sexo es una herramienta de placer con la que el ser humano puede jugar, cambiando e innovando en cada momento, según la situación lo reclame.

Puede suceder que en un momento este sexo sea premeditado y con alevosía, preparando una cama con pétalos de flores, o esperando a la pareja en un coche, o quedándose desnuda completamente en el sofá esperando la llegada de la pareja... no importa dónde o cuándo, sólo importa que ambos quieran y que sea placentero.

Importante:
- Nosotras no siempre decimos que no, ni ponemos excusas tales como "me duele la cabeza", "estoy cansada" o "no me encuentro bien".
- No debe castigarse sin sexo, ninguno de los dos. El sexo es una relación de dos y nada tiene que ver con los hechos ocurridos anteriormente. Los problemas se arreglan hablando y vengarse cerrándose en banda y negándose a tener sexo lo único que hace es crear un segundo problema.
- Las cosas ante todo se hablan. No des por hecho que algo es malo o bueno, háblalo y respeta la decisión de tu pareja. Intentad poner un punto medio entre ambos y procurad entenderos, también en la cama, una mala relación sexual acaba siendo una mala relación personal.
- No te engañes, el sexo es muy importante en tu vida.
- No dejes que tu vida caiga en la rutina. Innova, cambia y pide cosas, hazlas por ti mismo, busca nuevas experiencias, ¡sorpréndele! Y ante cualquier problema: habla.
- La cocina, el recibidor, la ducha o el coche son tan buenos espacios para tener sexo como la cama, sólo tienes que poner de tu parte y abrirte a nuevas sensaciones.
- No esperes que sea siempre el otro el que haga algo, sé tu el primero en sorpender.
- La lencería, la luz, los olores, la comida y otras muchas cosas pueden ayudar muchísimo a tu relación y crear nuevas sensaciones.
- No seas tímido y cuéntale tus fantasías a tu pareja, explícale que quieres hacer y habladlo. Quizá no esté dispuesto a hacer al 100% lo que te gustaría, pero seguro que llegáis a un punto medio que puede ser realmente bueno.
- Recuerda que tu pareja es la mitad de la relación, y que si ambos no poneis todo vuestro empeño, no va a funcionar.
- La infidelidad no es darle un toque a la pareja, ni un cambio de aire... es un ejemplo claro de que algo no va bien. Cuando estás enamorado de una persona, lo último que te apetece es estar con otra, eso tenlo por seguro.
- TODO lo que hagas con tu pareja que ambos quérais está bien, está GENIAL.
- Disfruta, disfruta y disfruta. Puede que sólo sea un polvo, pero al menos que sea todo lo bueno que puede llegar a ser.
- No te quedes en hechos... usa también tus palabras, escríbele que sientes o que quieres hacerle. Dile cosas al oído, llámale, escríbele un mensaje... está en tus manos cómo quieres que sea tu relación. Puedes hacer lo que quieras, simplemente: HAZLO.

Ante todo... el sexo es para disfrutarlo, y últimamente hay tales preguntas, bromas o temas que no puedo reprimir decir según que cosas. Se cansa uno de tanto tópicazo machista. Ni nosotras somos unas frígidas, ni ellos unos machos que se pasan el día empalmados y pueden aguantar 50 polvos seguidos. Cada vez hay más cosas tabú, y mira que se supone que estamos en el siglo XXI y somos muy modernos. PUES NO, aún está todo basado en tabús, críticas y muchas otras cosas. Sabes la única manera de cambiar esta sociedad y poner los puntos sobre las i de todas estas cosas, es cambiar tu propio mundo y empezar a cambiar la sociedad en tu cabeza... las ondas tiene que empezarlas alguien.

Gracias por leerme. :)

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